—Perdóname, Marisa. Debí haber pensado antes que tú también necesitabas un carro.
La repentina disculpa de Rubén la extrañó.
—¿Por qué te disculpas? Hay muchísimos carros en el garaje, no era necesario que me compraras uno.
Al principio, había pensado que todos los carros del garaje eran demasiado lujosos y, como su habilidad para conducir era bastante normal, no quería arriesgarse a rayarlos o golpearlos.
Al fin y al cabo, casi todos eran los favoritos de Rubén, por los que no había dudado en pagar una fortuna.
Rubén la miró con seriedad.
—¿Cómo que no era necesario? Esos carros son los que me gustan a mí, pero los gustos de los hombres y las mujeres son diferentes. Tenía que ser uno que te gustara a ti.
Marisa miró el carro de color rosa macarrón que tenía delante. Desprendía un aire de elegancia y delicadeza que le encantó.
Sin embargo, era evidente que esa elegancia y delicadeza costaban una fortuna.
Sintió una punzada de preocupación.
—Este carro debe de ser carísimo.
Rubén sonrió con ternura. Cuando la miraba, la dureza que mostraba ante los demás desaparecía por completo.
Tanto que a veces Marisa se preguntaba si esa faceta suya era solo una fachada.
—Si el dinero es el atajo para hacerte feliz, ten por seguro que lo tomaré siempre.
Marisa sonrió.
—Qué comparación tan rara.
Rubén la rodeó por la cintura.
—Hoy te ves preciosa. Aunque esa mascada negra que llevas al cuello está un poco ajustada.
Marisa le lanzó una mirada fulminante.
—¿Y de quién es la culpa?
De él, que se había vuelto loco dejándole marcas por todo el cuerpo.
Rubén sonrió de lado y arqueó una ceja.
[Ya llegué a la productora. Te espero para que firmemos el contrato juntos.]
La boca de Davis no se quedó quieta.
[¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de que me escape?]
Marisa no estaba para bromas, tenía asuntos que resolver.
[No, no es eso. Solo tengo miedo de que te estafen con el contrato. Tú vienes a grabar, así que no te conviene enemistarte con ellos, pero yo puedo exigir lo que quiera.]
Davis se quedó mirando el mensaje durante un buen rato.
Definitivamente, la sinceridad era un arma infalible.
Y sentía que ella lo había desarmado una y otra vez.
Después de coordinarse con Davis, Marisa aparcó el carro rápidamente.
Los lugares eran limitados y no había estacionamiento subterráneo. Después de varias maniobras, consiguió meter el carro en un espacio.
Miró el desayuno que Rubén había dejado en el asiento del copiloto y una sonrisa se dibujó en sus labios.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...