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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 559

Se hizo la dura para disimular la vergüenza de haber sido sorprendida con la mirada fija en él.

Rubén, que lo había entendido todo, no la delató.

Se recostó en el sofá y sonrió en silencio.

Finalmente, dijo en voz baja:

—Está bien, entonces deja de distraerte y come mientras está caliente.

Marisa agachó la cabeza y empezó a cenar. La sopa de pollo era dulce con un toque de sabor intenso, caliente y reconfortante para el estómago y el corazón.

Incluso de noche, las verduras estaban excepcionalmente frescas.

Comía sin prisa, con calma, y tardó bastante. Cuando levantó la vista, Rubén seguía en la misma posición que cuando ella había empezado a comer.

La miraba con seriedad y concentración.

Marisa frunció el ceño.

—¿Tengo algo en la cara?

Se miró en la cámara. Su rostro pálido estaba limpio, aunque la reciente carga de trabajo había dejado unas leves ojeras bajo sus ojos.

A su habitual frialdad se le sumaba un toque de cansancio.

Rubén entrecerró los ojos.

—No, nada. Es que estás tan guapa que me quedé perdido viéndote.

Lo que Marisa no estaba dispuesta a admitir, Rubén lo reconoció sin reparos.

Eso la hizo sonrojarse.

Tomó su celular y se levantó.

—Bueno, ya es tarde, deberías descansar. Yo también me voy a bañar para dormir.

La trampa que había preparado para mañana estaba a punto de dar frutos, y necesitaba estar con toda la energía para enfrentarlo.

Justo cuando Marisa iba a colgar, Rubén la detuvo de nuevo.

—No cuelgues. Quiero verte mientras te bañas.

Marisa casi se cae de la impresión, dudando por un momento si había oído bien.

—¿Qué?

Rubén repitió pacientemente lo que acababa de decir.

—No cuelgues el teléfono. Quiero verte mientras te bañas.

Una vez confirmado que no había oído mal, Marisa contestó, resignada.

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