Melina no parecía tener la menor intención de lidiar con el desastre que había dejado en el país; se fue a Milán a ver desfiles de moda y a irse de compras.
Sus seguidores la elogiaban por tener agallas, por ser capaz de navegar en aguas turbulentas y salir ilesa de cualquier tormenta.
Marisa abrió el carrusel de fotos y videos cortos que Melina había publicado en Twitter. Se veían pasarelas de alta costura, las calles de Milán, palomas alzando el vuelo y un alegre parque de diversiones.
Después de cerrar la publicación, Marisa leyó el pie de foto de Melina: «Todo pasa por algo y siempre es para bien».
Qué manera de proyectar una paz inquebrantable, una actitud serena, como si nada la afectara.
Tras terminar con la lista de invitados, el equipo de Jasmine solo tenía que esperar a que llegara el día de la exposición de invierno.
Hoy, Davis, que había estado muy ocupado grabando su programa, por fin tuvo tiempo de pasar por la galería. Marisa le pidió a su asistente que organizara una comida para todos los empleados en un restaurante cercano.
Aunque el trabajo más pesado había terminado, el ánimo del equipo no era precisamente festivo.
Al menos, no lo parecía.
Todos andaban con la cabeza gacha y la mirada perdida, como si cargaran con una gran preocupación.
A la hora del almuerzo, el restaurante estaba lleno.
Por suerte, la asistente había reservado con antelación.
Los empleados de Jasmine fueron entrando poco a poco en el salón privado. Marisa, Fabiana y Davis se quedaron atrás.
Justo cuando estaban por entrar, los seguidores de Melina reconocieron a Marisa.
O, para ser más exactos, no es que la reconocieran por casualidad. Eran fanáticos que habían estado haciendo guardia cerca de Jasmine y que, por fin, la habían encontrado.
Un grupo de tres o cuatro personas se abalanzó sobre ella con agresividad.
—Después de haberle arruinado la vida a Melina, ¿tienes el descaro de venir aquí a celebrar con tus empleados? ¿No tienes vergüenza?
Davis frunció el ceño, listo para intervenir, pero Marisa vio al grupo que se acercaba y lo detuvo.
—Tú entra al salón. Fabiana y yo nos encargamos de esto.
—¡Exacto! Este tipo de mujeres seguro que lo único que aprendieron desde que nacieron fue a complacer a los hombres. ¡Qué vergüenza para nuestro género!
Fabiana apretó los puños con fuerza, frunciendo el ceño.
—¿Pero qué demonios están diciendo? ¿Venderse? ¿Complacer a los hombres? ¿Vergüenza para nuestro género? Abren la boca solo para soltar estupideces. ¿Quieren que las demande por difamación o qué?
Marisa tiró suavemente del brazo de Fabiana.
—Fabiana, no vale la pena discutir con ellas. Es una pérdida de tiempo.
Para las fanáticas, la calma de Marisa era una clara señal de culpa.
Eso las envalentonó todavía más.
—Seguro que vetar a nuestra Melina fue el favor que le pagaste a tu patrocinador, ¿verdad? Y todavía dicen que Melina es una mujer de armas tomar. ¡Yo creo que la mujer más peligrosa del mundo eres tú! ¡Dile a tu papi que le quite el veto a nuestra Melina ahora mismo! Si no, cuando ella vuelva a la cima, ¡no creas que te lo va a perdonar tan fácil!
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
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Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...