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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 566

Melina, con su bolso de edición limitada en tonos plata y negro, entró contoneándose en El Palacio del Sabor, causando un pequeño revuelo.

Con una amabilidad inusual, invitó a los meseros del restaurante a tomarse fotos con ella.

Era un cambio drástico respecto a su costumbre de ignorar a todo el mundo cuando salía.

Incluso les dijo con consideración:

—Si quieren subirlas a sus redes o lo que sea, adelante.

Después de la sesión de fotos, un mesero la acompañó a un salón privado.

—El señor Loredo llamó hace un momento, llegará en quince minutos.

Melina sonrió con una mezcla de recato y dulzura, y su trato hacia el mesero fue impecable.

—Ah, de acuerdo. Le diré que no se apresure, que se tome su tiempo.

Mientras hablaba, sacó su celular, fingiendo que iba a llamar a Lorenzo.

En cuanto el mesero se retiró, Melina guardó el teléfono.

En el salón había un espejo de cuerpo entero junto a un perchero de madera.

Melina dejó su bolso, se levantó y se acercó al espejo para admirar su maquillaje.

Era un look seductor con un toque de sensualidad irresistible.

Cada gesto, cada sonrisa, tenía un encanto hipnótico.

Satisfecha, se ajustó el escote para hacerlo aún más pronunciado.

La vista era innegablemente generosa.

Solo el sonido de su celular vibrando en el bolso la sacó de su ensimismamiento. Se dio la vuelta para contestar.

Era una amiga que no pertenecía al mundo del espectáculo.

Melina se sentó con aire de suficiencia en el asiento principal y puso la llamada en altavoz.

—Melina, ¿es verdad que Lorenzo te invitó a cenar?

Melina puso los ojos en blanco, demostrando que la opinión de Floriana le importaba muy poco.

—Cuando confirme mi relación con Lorenzo, ¿qué me va a importar ella?

—Pero seguro va a empezar a hablar.

Melina se acomodó el cabello.

—¿Y crees que le voy a dar la oportunidad de hablar? Le pedí ayuda como un favor, y lo único que hizo fue publicar un mensaje. Cuando esté con Lorenzo, le daré algo de dinero y ya está. Si es lista, sabrá cuándo retirarse.

Melina miró la hora. Lorenzo estaba por llegar.

—Bueno, te dejo, que Lorenzo ya casi llega.

En su mente, Melina ya se veía como la señora Loredo.

Solo tenía que esperar a que Lorenzo diera el primer paso.

***

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