Entrar Via

El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 791

Ante esa justificación, los presentes no tuvieron el descaro de seguir insistiendo. Tuvieron que tragarse sus halagos y guardar sus adulaciones para la próxima.

Cuando el círculo finalmente se disipó, Rubén tuvo vía libre para fijar sus oscuros ojos en un punto específico de la zona de bocadillos. Su mirada se volvió gélida al distinguir a dos figuras juntas.

José se inclinó ligeramente y le susurró.

—Señor Olmo, la organización le ha preparado una sala VIP exclusiva. Podemos ir allí a descansar ahora mismo si lo desea.

Rubén lo ignoró por completo.

Mónica, siguiendo la línea de visión del hombre, no tardó en comprender lo que sucedía y aprovechó para lanzar su veneno.

—Tenía toda la intención de ir a hablar con la señorita Páez y aclarar las cosas. Pero, a juzgar por lo que veo, está un poco ocupada con ese joven empresario. Me daría mucha pena arruinarle el romance.

José también miró hacia la zona de aperitivos.

Allí estaban Marisa y un apuesto hombre, inmersos en una plática de lo más animada. Parecían ajenos a los cuadros y obras de arte; más bien, debatían sobre qué postres estaban más ricos.

El asistente, sin pensar en las consecuencias de sus palabras, soltó con inocencia:

—Vaya, la señorita Páez tiene mucho éxito.

Mónica le dirigió una sonrisa cargada de fingida dulzura.

—¿Por qué no acompañas al señor Olmo a la sala VIP, José? Yo me quedaré por aquí un rato más. Cuando vea que terminan su interesante charla, me acercaré a ella.

De repente, la profunda voz de Rubén rompió el silencio.

—No es necesario. No estoy cansado. Iremos a saludarla ahora mismo.

Mónica se tragó saliva con amargura. Jamás se imaginó que él la escoltaría personalmente solo para asegurarse de que le dijera la verdad.

El golpeteo rítmico del fino bastón resonó contra el lujoso suelo de mármol.

Cuando ese sonido inconfundible llegó a los oídos de Marisa, ella y Noé estaban ocupados criticando la mesa de bocadillos.

—Se nota que es una convención de nivel internacional. Hasta los aperitivos son deliciosos —comentó ella con entusiasmo.

Noé le levantó un pulgar en señal de aprobación.

—Normalmente, en estos eventos las mujeres ni se acercan a la comida, argumentan que los postres dañan la figura envidiable y no son saludables. Me fascina que a usted no le importe en lo absoluto.

—Por supuesto, la señorita Páez siempre ha querido hacerse notar.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló