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El juguete del abogado romance Capítulo 102

Graciela se quedó paralizada, sin saber qué hacer, qué decir o hacia dónde mirar. Cristian la estaba acorralando con crueldad, midiendo cada palabra únicamente para destrozarla.

—No es lo que piensas… —Intento defenderse.

—¿Ah, no? —Una sonrisa despiadada se dibujó en los labios del hombre—. ¿Entonces dirás que todo esto es pura casualidad? ¿Que sufres de insomnio y que los fantasmas de tu pasado te mantienen despierta?

—Cristian, por favor... Tú sabes que no puedo dormir bien desde que me encerraron —murmuró en medio de un sollozo, encogiéndose en sí misma—. Yo... sufro de pesadillas horribles todas las noches. De verdad no quería que lo malinterpretaras, perdón si te estoy molestando...

—Pobre... —dijo él, inclinándose hacia ella mientras acortaba la distancia de forma invasiva.

Levantó la mano despacio y deslizó la yema del índice por su cuello, descendiendo hasta la clavícula con un toque de falsa ternura que rozaba lo sádico.

—Cuéntame sobre eso... Repíteme la historia de cuando te amarraban y te obligaban a tener sexo. Es un trauma terrible, ¿verdad?

Graciela contuvo el aliento.

De forma instintiva, inclino la cabeza hacia atrás, exponiendo aún más el cuello, mientras sus pestañas húmedas temblaban y sus labios se entreabrían para dejar escapar un suspiro débil y caliente.

La piel de gallina no mentía: sus pezones se marcaron contra la seda rosa de su camisón.

—Supongo que si te pido que tengamos sexo ahora mismo, te daría un ataque de pánico... No podrías hacerlo, ¿cierto? —continuó él, inclinando la cabeza sin borrar su sonrisa—. O tal vez me equivoque y tu trauma sea selectivo.

Al escuchar la última frase, Graciela se dio cuenta de que la había descubierto. Su expresión se llenó de terror de inmediato e intentó salvar la situación:

—Cristian, tú no eres esos hombres… —interrumpió ella, acortando la poca distancia que los separaba.

Con la respiración desbocada y los ojos anegados en lágrimas, intentó aferrarse a su última tabla de salvación: el pasado, los recuerdos.

—Contigo sería diferente, por supuesto que lo intentaría. Nos amamos, Cris… Yo todavía te amo. No puedo olvidar todo lo que pasó entre nosotros, jamás pude. Yo…

Pero Cristian solo se burló con una risa seca, tomando su mentón con frialdad para obligarla a mirarlo.

—¿Qué fue lo que pasó entre nosotros? —preguntó, ladeando la cabeza en un gesto maniático—. Porque yo ya ni lo recuerdo. ¿Con cuántas mujeres crees que me acosté después de ti?

Graciela tragó saliva, sintiendo un nudo asfixiante en la garganta al ver la indiferencia absoluta en sus ojos.

Capítulo 102 1

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