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El juguete del abogado romance Capítulo 112

—¿Qué haces aquí?

Estefanía ni siquiera lograba comprender cómo había dado con su paradero tan pronto.

Miró su celular sobre la cama. ¿Le había puesto un rastreador? Pero, aunque fuera así, ¿cómo había conseguido la tarjeta llave de la habitación? Las políticas de privacidad del hotel no deberían permitir revelar la presencia de sus huéspedes a nadie y mucho menos entregar una copia de la llave a un desconocido.

—Soy tu marido, puedo estar aquí y en cualquier otro lugar donde te encuentres —dijo él como si de algún modo adivinara sus pensamientos.

—¿Mi marido? ¿Y eso por cuánto tiempo?

No pudo evitar empuñar las manos con frustración, sintiendo una repentina sensación de sofoco.

Hace unos minutos el aire de esa habitación era puro; justo ahora se sentía contaminado por su presencia.

—Por siempre.

Cristian entró y cerró la puerta, antes de acomodarse en una butaca cercana, haciendo girar su anillo de matrimonio.

—Arréglate, nos vamos a casa —ordenó con calma, como si la situación fuera de lo más casual.

—No iré a ningún lado. ¡Y ahora vete! —señaló con rabia la puerta, esperando que entendiera que no lo quería cerca.

—¿Prefieres que pasemos la noche aquí?

Cada palabra que salía de su boca era más irritante que la anterior; era como si no lograra comprender nada de lo que le decía. ¿Estaba sordo?

Un tipo tan inteligente como él no era capaz de entender un asunto tan básico como el hecho de que no quería seguir a su lado. ¿Cómo era posible? Solo se estaba haciendo el tonto.

Estefanía se levantó de la cama y suspiró tratando de controlarse, mientras lo encaraba:

—Te lo diré una sola vez más, Cristian, porque realmente necesito que dejes de hacerte el ciego y lo comprendas de una buena vez. No quiero seguir a tu lado. D-I-V-O-R-C-I-O —deletró con clara irritación—. Quiero que entiendas que, a partir de hoy y de este preciso momento, tú y yo ya no somos una pareja.

—¿Divorcio? —se acomodó los puños de la camisa con una lentitud exasperante, sin quitarle los ojos de encima—. ¿Y cuál sería la causal?

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