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El juguete del abogado romance Capítulo 121

Las palabras de Rodrigo quedaron dando vueltas en su cabeza durante dos días enteros.

Irse no era su plan.

Tenía una vida en ese lugar; su hermano también la tenía.

¿Por qué Cristian tenía que obligarla a tomar una decisión de ese estilo?

Todo sería más sencillo si él simplemente se decidiera de una buena vez y la dejara libre.

En el futuro quizás no volverían a toparse a pesar de estar en la misma ciudad, pero al menos habría salido de su vida sin necesidad de huir como una fugitiva.

Estefanía entró en el despacho de su esposo con los hombros caídos. Observó el lugar con detenimiento hasta que su mirada se topó con el enorme cuadro que presidía la pared principal. Era la fachada perfecta para ocultar la caja fuerte empotrada.

«Es posible que funcione con huella dactilar. Si ese es el caso, el trabajo será más difícil», recordó las palabras de Rodrigo.

Estefanía se acercó y despegó con cuidado el pesado marco de la pared. Frente a ella apareció el pequeño panel digital con el lector de huella. Se le cortó la respiración al verlo.

Estaba a punto de entrar en pánico —sabiendo que jamás lograría que Cristian la abriera por ella—, pero entonces notó un detalle crucial: la puerta de metal no estaba encajada del todo.

Su esposo había olvidado cerrarla por completo la última vez que la usó.

El corazón de Estefanía dio un salto de alivio y pavor. En el fondo de su ser esperaba que esto fuera más difícil, incluso imposible. Pero no. Había resultado ser demasiado sencillo.

Ahora no sabía qué hacer.

Si dejaba pasar esta oportunidad de tomar el papel, entonces era muy posible que no existiera otra en el futuro.

Con manos temblorosas, rebusco en el interior. Empezó a mover con torpeza las carpetas apiladas, topándose con un montón de contratos y sobres de manilas sellados. Vio también varios fajos de billetes, un par de unidades USB y libretas pequeñas con anotaciones a mano. Todo se veía ridículamente importante.

El pánico la hizo apurar, revisando los lomos de los expedientes uno por uno, hasta que sus dedos dieron con un sobre grueso que llevaba una sola etiqueta: RIVAS.

Estefanía no sabía qué haría con eso más tarde, pero lo tomó en su poder de todas formas.

Salió del despacho sin hacer ruido y se encerró en su habitación, apoyando la espalda contra la madera de la puerta.

Cuando su corazón se calmó un poco, abrió su bolso, deslizó el expediente bien al fondo y subió el cierre con extremo cuidado.

La noche cayó rápidamente y ella se obligó a recomponerse mientras esperaba a su esposo.

Javier no estaba.

Últimamente nunca estaba, notó con desanimo.

¿Pero qué podía decir al respecto? Su hermano no le estaba causando problemas a nadie… solo tenía una vida social activa como la que debería tener cualquier joven de su edad.

De repente se escuchó el suave clic de la puerta.

Cristian acababa de llegar.

Estefanía se acercó y le sonrió como de costumbre, mientras lo saludaba de la misma forma de siempre.

—Llegaste.

Capítulo 121 1

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