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El juguete del abogado romance Capítulo 126

—A partir de ahora, su salud y la del bebé dependen de un entorno completamente libre de estrés, señora.

Las palabras del médico hicieron que Estefanía levantara la vista de las sábanas blancas.

Bebé.

Todavía no podía procesar que había un pequeño ser creciendo dentro de su vientre.

Este bebé era el fruto de su amor por Cristian… un hombre que, a pesar de sus más recientes descubrimientos, no dejaba de ocupar un lugar en su corazón.

Sin embargo, jamás pensó que esto realmente sucedería. Tanto tiempo deseándolo y, justo cuando había dejado de quererlo, simplemente se cumplía.

A veces el destino era demasiado irónico e impredecible: ella había pedido el divorcio y ahora estaba embarazada.

No había manera de escapar. Nunca la hubo.

—Nada de impresiones fuertes, cero discusiones y reposo absoluto por las próximas semanas —continuó el doctor, enfocando la mirada en ella directamente—. Su tensión arterial cedió gracias a los fármacos, pero su cuerpo estuvo al límite. Una crisis como la de anoche, a tan pocas semanas de gestación, puede ser fatal para el desarrollo del embrión. ¿Me está escuchando, Estefanía?

Ella pestañeó despacio, recordando fugazmente el caos en el que había estado sumergida la noche anterior.

—Sí... doctor —articuló en un hilo de voz, apenas audible.

La puerta de la habitación se abrió en ese momento y entonces Cristian apareció llevando el mismo traje de anoche, pero su aspecto era impecable como siempre.

Encontrarse con él, con su mirada, hizo que ella sintiera que se le dificultaba la respiración.

Tragó saliva y agachó la cara.

—Asegúrese de anotar cada especificación en la receta, doctor —intervino él, caminando hacia un costado de la cama—. Nos encargaremos de que siga las órdenes al pie de la letra. No le faltará absolutamente nada.

El médico asintió, perdiendo la fuerza en su regaño. Pero ¿por qué no regañaba a Cristian también? Estefanía no pudo evitar sentir la injusticia; él era el culpable de todo.

Sin embargo, no quiso decir nada.

Suspiró, cansada.

Sentía que la lengua le pesaba y solo quería acostarse y dormir, dormir durante horas y horas…

De repente, sintió la mano del hombre sosteniendo la suya, mientras le decía:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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