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El juguete del abogado romance Capítulo 136

—Cristian, Javier no me ha llamado en todo el día. ¿Por qué no se ha comunicado como prometió? Debería haberlo hecho ya…

Estefanía irrumpió en la oficina de su esposo aquella tarde, encontrando al hombre detrás del escritorio con una expresión terrible.

La sombra oscura en sus ojos era algo que ella no había visto en mucho tiempo.

—¿Qué haces aquí? ¿No deberías haberte ido directamente al departamento? —sus palabras parecían ser las de alguien que estaba conteniéndose apenas para no gruñir.

—¿Qué pasa? —se detuvo ella mirándolo con atención.

—Tengo mucho trabajo, Estefanía. Ahora mismo no puedo ser el niñero de tu hermano.

Ella comprendió entonces que lo estaba interrumpiendo. Haber ido al bufete cuando él seguramente estaba ocupado había sido una imprudencia por su parte.

—Perdón… —Bajo la cabeza, retorciéndose los dedos con arrepentimiento—. Es que se suponía que el vuelo no duraría tanto. Yo… no debí venir.

—Regresa —su tono era inflexible.

—Pero Javier…

—Ya está instalado —soltó con brusquedad, apretando ligeramente el puño sobre el escritorio—. Solo es un mocoso inútil que no sabe recordar que debe hacer una maldita llamada. Es todo.

—No lo insultes —no pudo evitar salir en defensa de su hermano—. Es un chico joven, puede que su memoria le falle un poco, pero no merece que le digas inútil.

El hombre bufó, desviando la vista hacia la ventana.

Ella no pudo evitar insistir:

—¿Por qué estás tan molesto? ¿No te gusta que venga a verte?

—¿Vienes a verme? —replicó él, regresándole la mirada con ferocidad—. Lo único que escuché desde que entraste es el nombre de tu maldito hermano y la verdad me tiene un poco harto.

—No sabía que Javier te molestara tanto. —Su corazón sintió un poco de decepción al darse cuenta de que todo este tiempo le había estado imponiendo algo que él parecía ya no poder soportar—. Quizás debiste decírmelo desde antes y así…

—¿Así que? —la interrumpió él, tajante—. ¿Te lo ibas a llevar? No seas ridícula. No quiero imaginarme el destino de ambos si solo hubieran estado ustedes dos solos.

—¡¿Qué te pasa, Cristian?! —no pudo evitar sentirse ofendida al ver cómo la juzgaba de aquella forma tan dura, tratándola de incompetente—. ¡¿Acaso crees que no hubiera sido capaz de sacar a mi hermano adelante sola?!

—Definitivamente no.

—Eres un idiota —ahora era ella quien apretaba los puños a los costados de su cuerpo—. ¡Para tu información, soy completamente capaz!

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