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El juguete del abogado romance Capítulo 144

Sentada junto a la cama de su hermano, Estefanía sacó su teléfono y abrió el navegador para teclear: «inscripciones academia militar requisitos».

Tuvo que lidiar con tres páginas caídas y un portal institucional confuso antes de dar con un número de contacto general que ni siquiera estaba segura de si era el correcto.

—Buenos días, habla Estefanía López —dijo, intentando sonar segura—. Me comunico para coordinar la inscripción extemporánea y el ingreso de mi hermano, Javier López.

—Señorita López, el periodo de selección ordinario cerró la semana pasada —le informó el encargado de admisiones—. Además, para validar la matrícula es requisito indispensable la presencia del aspirante para las pruebas físicas y el examen médico de ingreso.

—Entiendo el protocolo, pero su caso es excepcional —se apresuró a intervenir ella, bajando ligeramente el tono a uno más suplicante—. Mi hermano no puede presentarse de inmediato porque fue víctima de un secuestro... Durante el evento sufrió dos heridas de bala y actualmente se encuentra hospitalizado.

Estefanía sintió la mirada extraña que acababa de dedicarle Javier, pero lo ignoró, centrada en solucionar este problema.

—Señorita, si el aspirante tiene una herida de proyectil, su condición médica no es apta para el régimen de entrenamiento —respondieron del otro lado, inflexibles—. La academia exige un rendimiento físico al cien por ciento desde el primer día. No podemos matricular a alguien en rehabilitación.

—Él se va a recuperar, se lo aseguro —insistió con desesperación, sin querer perder esta oportunidad—. En un par de meses estará completamente restablecido. Puedo pagar la matrícula por adelantado, los exámenes privados, lo que sea necesario para reservar su cupo. Solo necesito que me ayuden a formalizar la inscripción ahora.

—Lo siento, pero las normas de la institución no funcionan así. Sin la evaluación médica presencial y el alta definitiva, no hay trámite que podamos procesar.

Estefanía insistió un par de veces más, ofreciendo cubrir cualquier fianza o costo administrativo, pero la llamada simplemente finalizó.

—Javi, lo solucionaré. Te lo prometo —dijo ella en voz alta, buscando en la página web del sitio un número diferente para volver a llamar.

Su hermano se limitó a guardar silencio.

Una hora después, se sentía completamente frustrada.

—Deja ya el teléfono, Estefanía —dijo Javier desde la cama, aparentemente harto de verla caminar de un lugar a otro entre llamadas.

—Todavía puedo intentar con el departamento de admisiones generales —murmuró ella, convenciéndose a sí misma, más que a él—. A lo mejor si pido hablar directamente con el director de la academia…

—¡Que lo dejes ya! —alzó la voz Javier, intentando incorporarse.

—¡Javier, no te muevas! —reaccionó ella de inmediato, al verlo hacer una mueca de dolor—. ¿Te duele? ¿Llamo al médico? Tranquilo, no pasa nada, yo solo…

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