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El juguete del abogado romance Capítulo 145

Estefanía llegó al departamento de admisiones de la Academia Militar y caminó hacia la ventanilla, decidida a insistir hasta que alguien la atendiera en persona.

—Buenas tardes. Necesito hablar con el encargado de admisiones, por favor —dijo al oficial de guardia.

—Buenas tardes. Deme un momento —contestó el hombre, antes de marcar una extensión en el teléfono interno y hablar brevemente en voz baja—. Pase a la última oficina a la derecha.

Estefanía avanzó por el pasillo y tocó la puerta antes de entrar.

—Tome asiento. ¿En qué le puedo ayudar? —dijo la persona detrás del escritorio, sin darle mayor importancia.

—Hablé hace un rato por teléfono respecto a mi hermano, Javier López —explicó ella, sentándose en la orilla de la silla—. Me dijeron que la matrícula estaba cerrada y que no se podía sin su presencia, pero él estuvo secuestrado y sigue hospitalizado. Necesito que hagan una excepción.

El hombre despegó la mirada de su computadora y la observó un segundo.

—¿Me recuerda su nombre?

Estefanía parpadeó, tomada por sorpresa.

—¿El mío?

Supuso que debería ser el de Javier, pero la mirada fija del hombre, le decía que era todo lo contrario.

—Sí —asintió él, manteniendo el rostro inexpresivo.

—Yo soy Estefanía López —respondió de inmediato—. Mi hermano estuvo secuestrado, se está recuperando y es un excelente muchacho. Le prometo que en cuanto le den el alta se va a presentar a todas las pruebas. Puedo pagar la matrícula por adelantado, los gastos médicos privados que pidan, lo que sea necesario, pero por favor…

—Señorita López, tenemos una plaza disponible… —la interrumpió el oficial con suavidad.

—¿De verdad? —no pudo evitar asombrarse.

La persona que por teléfono le había dado una negativa tan tajante no parecía ser este hombre. Seguramente se trataba de otra persona. Aunque su voz…

Estefania lo observó entrecerrando los ojos.

—Así es. Casualmente se liberó un cupo extemporáneo.

Se giró levemente entonces y tomó una carpeta que ya descansaba junto a la impresora. Sacó un juego de documentos impresos, los alineó sobre la mesa y le ofreció un bolígrafo.

—Necesito que firme aquí, en la última hoja. La reserva queda formalizada a partir de hoy y su hermano podrá incorporarse en cuanto tenga el alta médica definitiva.

Sus ojos se ampliaron observando aquellos papeles frente a ella.

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