Entrar Via

El juguete del abogado romance Capítulo 15

Cristian la llevó nuevamente a la oficina ese día. Quizás más para mantenerla vigilada y evitar que fuera a buscar a su hermano, que porque fuera verdaderamente útil.

Estefanía no lo sabía.

Solo sabía que estaba allí de nuevo, viéndolo sumergirse en su rutina: atender llamadas, revisar minuciosamente montañas de documentos, entre otras cosas de las que no era del todo consciente.

Cada cierto tiempo él la llamaba para explicarle alguna cosa. Hacía un gran esfuerzo por prestar atención; sin embargo, siempre se distraía con el timbre de su voz, con sus labios.

Esa voz, grave y profunda, que vibraba en su pecho, envolviéndola en una especie de trance cada vez que pronunciaba su nombre.

—¿Estás escuchando?

Cristian tronó dos dedos delante de su rostro, trayéndola de vuelta a la realidad.

Parpadeó, desorientada.

—Lo siento… —balbuceó, aclarándose la garganta e intentando enfocar la mirada en los papeles sobre el escritorio—. Me distraje un momento.

El hombre no tenía buena cara ante su despiste, pero tampoco la reprendió.

De repente se quedó sumido en el silencio como si analizara algo a profundidad, mientras tamborileaba los dedos sobre el escritorio.

—¿Cuál era tu plan al salir del orfanato? —preguntó de pronto.

Estefanía se quedó por un segundo en blanco.

¿Su plan?

Ciertamente el único plan que tenía era sacar a Javier de allí. No había pensado en otra cosa más que en eso.

—Yo… no lo pensé.

—Sin duda tuviste que haber pensado en algo —dijo él.

La fijeza de sus ojos oscuros le recordó la forma en la que sus caminos se habían cruzado.

—¿A eso era lo único que querías dedicarte o tenías otra cosa en mente?

Un rubor intenso se apoderó de sus mejillas.

Él seguía creyendo que su única intención era prostituirse.

—La verdad es que no pensé en más que sacar a Javier del orfanato —fue sincera.

—Ya Javier salió. ¿Y ahora?

Apretó las manos sobre su regazo.

Desde que perdió a sus padres, jamás había vuelto a tener el lujo de pensar en sí misma o en sus propios deseos.

—Ahora quiero que Javier estudie y tenga un buen futuro —respondió en un hilo de voz, con los ojos fijos en sus dedos—. Que sea alguien en la vida.

—¿Y qué pasa con tu futuro? —inquirió Cristian, sin apartar la vista de ella.

Estefanía se encogió de hombros.

—Yo no importo —dijo, bajando la cabeza.

Al segundo siguiente, dos dedos se posaron en su barbilla, obligándola a alzar la cara.

Sus ojos, ligeramente humedecidos, se abrieron con asombro al encontrarse tan cerca de los de él.

—Qué respuesta tan estúpida —soltó el hombre, claramente en desacuerdo—. Dices que quieres lo mejor para tu hermano, pero mírate. Te anulas a ti misma y pretendes salvar a otro.

Contuvo el aliento, sintiendo el calor de sus dedos en la piel mientras sus palabras calaban en ella profundamente.

—Si de verdad quieres que tenga un futuro, vas a tener que empezar por construirte uno propio —sentenció él con severidad. Su discurso no pretendía ser un consuelo—. No puedes pretender sostener a otro si tú misma estás en el suelo.

Estefanía pestañeó, apartando un poco la mirada.

Se sentía completamente desamparada ante una pregunta que nadie nunca le había hecho.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El juguete del abogado