Entrar Via

El juguete del abogado romance Capítulo 152

—Señor Foster, el señor Sterling acaba de llegar.

La mirada de Richard se ensombreció de inmediato.

Su hija Valeria le había contado lo sucedido. Una mujer en un hospital. Una desconocida que la había agredido.

«¡Es una muerta de hambre, papá! ¡Ni siquiera sabe quién soy yo!», todavía podía escuchar la voz chillona de Valeria. «¡Se atrevió a levantarme la mano! Tienes que destruirla, papi. Haz que la metan a la cárcel o algo, pero esto no se va a quedar así. ¡No voy a permitir que una cualquiera me humille de esa manera!».

Bastó con levantar el teléfono de su oficina para que el asunto estuviera resuelto.

La mujer definitivamente recibiría una lección.

Pero ahora su gente acababa de informarle que Cristian Sterling había destruido todo su plan en cuestión de minutos.

No solo se había presentado personalmente en la comisaría, sino que había tomado el control absoluto del lugar.

Sterling ordenó el cierre inmediato de la estación, destituyó de golpe a cada oficial involucrado y despojó al capitán de sus placas en su propia cara antes de mandarlo directo a una celda.

Había dejado claro que cualquiera que se atreviera a tocar a esa mujer respondería directamente ante él.

No conforme con eso, el equipo de Sterling hizo cantar al capitán en un par de minutos.

Poco después, recibió en su teléfono el borrador de la denuncia penal en su contra por tráfico de influencias, junto a una citación de la fiscalía de menores para Valeria por agresión.

No le dio margen de maniobra. Lo acorraló y expuso a su hija en una sola jugada, dejándole una única opción: quedarse en su despacho y esperarlo.

Cristian había llegado a la sede de las Empresas Foster hacía bastante rato. Sus hombres le confirmaron que el vehículo de Sterling estaba aparcado en el estacionamiento privado del edificio desde hacía al menos media hora. Sin embargo, no había subido de inmediato. Deliberadamente se había quedado abajo, demostrándole que entraría solo cuando a él le diera la gana.

Era una falta de respeto sin precedentes.

Gonzalo Sterling parecía no haberle enseñado modales a su hijo.

Cuando la puerta se abrió, reveló la figura de una joven de vestimenta sencilla y mirada cautelosa, quien no parecía tener muy clara la razón de su presencia en la oficina.

Inmediatamente detrás de ella apareció la imponente silueta de Sterling, impecable y pulcro en su traje a medida, proyectando el peso absoluto y la frialdad implacable que le hacía honor a su apellido.

Richard dibujó una sonrisa burlesca.

Era fácil deducir lo que pasaba.

La mujer no era otra cosa que su juguete de turno.

A los hombres como él —incluyéndose a sí mismo— no les gustaba que les tocaran sus cosas, por insignificantes que fueran.

Richard se acomodó en su silla y soltó una risita seca mientras los medía con la mirada.

—Conocí a tu padre cuando tenía tu edad, muchacho —dijo con una voz cargada de falsa condescendencia—. Debo admitir que no esperaba tener el honor de una visita tan... agradable a estas horas de la noche. Y menos con una compañía tan pintoresca.

La mujer frente a él se removió inquieta ante su comentario, como si se estuviera replanteando seriamente si había sido buena idea venir.

Sterling, como un perro al que le tocan su hueso, no se quedó atrás. Sonrió lentamente, aunque sus ojos, fríos y vacíos, parecían contener miles de advertencias.

—Me alegra que haya conocido a mi padre, Foster —soltó Cristian con un tono peligrosamente bajo—. Pero no se haga ideas equivocadas. Yo no soy tan benevolente como él.

Richard perdió la paciencia en un segundo, apretando los dientes.

—¡¿Me estás amenazando, muchacho?!

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El juguete del abogado