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El juguete del abogado romance Capítulo 46

A Cristian le bastó un solo vistazo a la contraparte para ponerse en alerta.

Ya había visto a esta gente antes. Le habían suplicado en su oficina, tratando de sobornarlo para evitar ir a juicio. Pero ahora no lucían preocupados en lo absoluto.

Por el contrario, el abogado que habían contratado sonreía con una suficiencia repugnante, mientras se acomodaba la corbata como si ya tuviera la victoria en el bolsillo.

Los midió de arriba abajo y dejó escapar una media sonrisa. Sabía perfectamente cuando un idiota creía tener un as bajo la manga, aunque no tenía ni la menor idea de qué cosa podría haber conseguido para tener tal confianza.

—Su Señoría —dijo el hombre poniéndose de pie y saboreando claramente el momento, porque sus ojos no se despegaban de él mientras hablaba—. Presento pruebas confidenciales que demuestran la invalidez de la auditoría presentante.

Y entonces en las pantallas proyectaron dichos documentos.

Lo supo al instante, eran sus archivos reales. Sus estrategias exactas y las fallas financieras que él mismo había descubierto.

No pestañeó, mientras analizaba los hechos: alguien en su entorno más cercano lo había traicionado. Le habían saqueado la información directamente de su sistema.

¡Vaya métodos!

—¡Esto es una negligencia inadmisible por parte de la firma Sterling! —exclamó la contraparte hacia los medios, queriendo hacer aquello lo bastante grande—. El caso debe desestimarse.

La gente comenzó a jadear horrorizada, mientras el juez revisaba los papeles.

Esto no era un asunto simple.

Una filtración de datos de ese calibre no solo tumbaba un caso; era una mancha de incompetencia capaz de dinamitar la reputación de cualquier firma y enterrar la carrera del abogado más brillante para siempre.

Cualquiera otro se hubiera desmoronado dadas las circunstancias. Pero él solo sintió como una rabia incontrolable le recorría el cuerpo entero.

Su cabeza no estaba en el caso ni en las pruebas infiltradas; su cabeza estaba en el culpable específico de todo esto.

Debió de suponer que algo así pasaría cuando, al entrar a la sala, se encontró frente a frente con su padre.

Gonzalo Sterling se acercó a él colocando una mano desagradable sobre su hombro, mientras le susurraba al oído:

—Buena suerte, hijo.

Al parecer no le importaba verse a sí mismo salpicado con todo esto, con tal de dejarlo humillado delante de todos.

Pero las cosas no serían como él quería.

Se puso de pie sin prisa, acomodándose los puños de la camisa, mientras se volvía el centro de atención.

Se hizo el silencio. Todos esperando atentamente sus palabras.

Capítulo 046 1

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