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El juguete del abogado romance Capítulo 48

Estefanía tomó el control del televisor y lo apagó sin dudarlo.

Lo que se decía de Cristian la acababa de dejar muy intranquila.

«Tras ganar el juicio del Grupo Avelar, crecen las sospechas sobre la vulnerabilidad en los sistemas del prestigioso bufete Sterling. Expertos señalan que Cristian Sterling podría haber simulado un ataque informático para beneficiarse a expensas de la firma...»

Ella sabía perfectamente que aquellas palabras no eran más que calumnias.

El hombre que conocía no era así. Jamás caería tan bajo.

Pero, de todas formas, no pudo evitar preocuparse.

Esa noche, Cristian llegó muy tarde.

Su semblante parecía ser el de siempre: mirada seria, rostro ilegible e imperturbable.

Ella lo olfateó disimuladamente, notando que no había bebido ni tenía ningún indicio visible de que esto le estuviera afectando demasiado.

Pero Cristian no era de hierro.

¿Cómo lo sería?

Se paró de puntillas frente a él, sosteniéndole la cara entre sus pequeñas manos mientras le preguntaba con suavidad:

—¿Estás bien?

Él asintió despacio.

—¿Qué haces despierta aún? —preguntó en cambio.

—Estaba esperándote. No podía dormir sabiendo que no estabas en casa.

—Te dije que llegaría tarde.

—Cristian, perdón, pero estoy preocupada —no pudo ocultar su malestar.

Realmente había intentado dormir, pero terminó dando vueltas en la cama sin parar.

El hombre no se inmutó, mostrándose tan firme que ella no sabía si aquello era real o solo una coraza que no dejaba entrever la verdadera situación.

—Todo está bajo control —le dijo con seguridad.

—Pero en la tele…

—No creas todo lo que dicen en las noticias —se inclinó pegando su frente a la suya—. Además, basta con una demanda por difamación para hacerlos callar y retractarse de sus palabras.

—Tienes razón —sonrió más tranquila.

—Vamos a la cama.

Ella asintió, tomando su mano.

—Sí.

Esa noche no hicieron el amor como de costumbre, pero durmieron abrazados aunque… Cristian terminó removiéndose entre sueños en medio de la madrugada.

Estefanía despertó, observando al hombre que se agitaba sin control a su lado.

La boca de él se movía en medio de un murmullo bajo y desesperado, pronunciando una palabra que ella tardó unos segundos en descifrar:

—Graciela… ven. No te vayas… Graciela.

Estefanía se echó hacia atrás, alejándose de golpe como si hubiera recibido un fuerte impacto.

Ese nombre… Claramente era de mujer.

Estaba llamando a una mujer.

Se tapó la boca con una mano mientras pensaba en las opciones.

Había tantas: quizás era alguien del trabajo, algo sobre un caso… una amiga del pasado.

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