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El juguete del abogado romance Capítulo 49

Estefanía despertó sola en su antigua habitación.

Cristian no fue a buscarla ni una sola vez y tampoco se disculpó por su brusco trato.

Ella se levantó simulando que nada de aquello había ocurrido y se arregló para acudir a la universidad como de costumbre.

Para esa hora de la mañana él ya no estaba en casa, lo que significaba que seguía teniendo muchos asuntos que atender en el trabajo.

Prefirió no molestarlo, aunque sostuvo su teléfono por un par de segundos con la intención de enviarle un mensaje de buenos días.

Era la típica esposa que siempre le escribía. Recibiendo como respuesta simples monosílabas.

«Ok.»

«Bien.»

«Igual.»

Le resultó una tarea monumental concentrarse en clases, pero lo hizo.

Lucas bromeó varias veces sobre alguna cosa y ella apenas sonrió con su mente en otra parte.

Solo podía pensar en esa mujer.

Graciela.

La mujer con la que su esposo soñaba. Posiblemente todas las noches, sin que ella se diera cuenta.

Esa tarde, Estefanía estaba especialmente decidida a no molestarlo de ninguna manera. Comió temprano y se encerró en su habitación para estudiar hasta altas horas de la noche.

Cristian regresó a eso de las diez de la noche y tocó directamente a su puerta.

Ella le abrió con una expresión serena. Sin intención de hacer un escándalo y parecer más patética.

—Hola, regresaste.

Él asintió y entonces dio un paso hacia adelante, haciendo que ella instintivamente retrocediera para darle espacio.

El silencio se instaló en esas cuatro paredes y ninguno de los dos parecía saber exactamente cómo romperlo.

—¿Ya cenaste? —se animó ella de nuevo para cortar la tensión que comenzaba a agobiarla.

La noche anterior había estado especialmente decidida a saber quién era esa mujer. Justo ahora, no quería escucharlo.

A veces era mejor engañarse, vivir en una burbuja que enfrentar la realidad.

Luego de la muerte de sus padres, ella por mucho tiempo se convenció de que solo estaban de viaje y pronto regresarían a buscarla.

Eso era lo que se decía en aquellas madrugadas en las que no lograba conciliar el sueño.

Huir de la verdad en ocasiones era un salvavidas. En otras, solo era una forma lenta y dolorosa de postergar lo inevitable.

—Cené de camino —respondió él—. Solo vine a ver cómo estabas.

—Estoy bien —le regalo una sonrisa junto con aquellas palabras que intentaban ser tranquilizantes.

Estefanía no sabía exactamente cómo le había salido la sonrisa, pero Cristian no parecía muy convencido al verla.

De pronto, hizo una leve mueca y extrajo un pequeño estuche de terciopelo negro del bolsillo de su saco.

Sin decir nada, lo abrió frente a ella, revelando una cadena plateada con un dije de piedra azul brillante, rodeado de diminutos cristales que destellaban con la luz de la habitación. No entendía mucho de joyas, pero a simple vista se notaba que era algo fino y bastante costoso.

—¿Te gusta? —preguntó él, manteniendo un tono neutro.

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