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El juguete del abogado romance Capítulo 50

Esa noche, Cristian recibió una llamada proveniente de la mansión Sterling.

Estefanía jadeó al escuchar las palabras que decía la persona al otro lado de la línea.

Informaban que Gonzalo Sterling había caído por las escaleras y que se encontraba en el hospital en ese momento.

Observó a su esposo a la espera de cualquier reacción de su parte, pero él se limitó a colgar con un simple:

—Voy de inmediato para allá.

—¡Cristian, tu padre! —se agitó ella, colocándose una mano sobre el pecho, sintiendo los latidos acelerados de su corazón.

Él la miró entonces antes de buscar una camisa en el armario.

—Debo salir —avisó.

—Pero…

Quería decirle que había escuchado perfectamente lo que le habían dicho, pero entonces lo vio tan tranquilo como si nada estuviera pasando.

¿No debería estar preocupado?

—No pierdas tu sueño por algo tan insignificante —dijo él, acomodándose el reloj—. Me aseguraré de llegar temprano.

Lo miró por un par de segundos, parpadeando.

Su frialdad al respecto era impresionante.

Pero no estaban hablando de un extraño. Se suponía que era el hombre que lo engendró.

—Quiero acompañarte —ofreció ella, suponiendo que como siempre solo estaba ocultando sus emociones.

Cristian nunca mostraba lo que sentía o pensaba ante la gente, pero eso no quería decir que una cosa así no le afectara, ¿cierto?

Debía sentir angustia como cualquier persona normal.

Seguramente en ese instante, tenía su mente revuelta ante los recuerdos de su niñez, recuerdos donde su relación con Gonzalo no podía haber sido tan mala.

Ella quería creer que él sentía algo, porque si no, ¿en qué lo convertiría eso?

Aquel hombre era un monstruo, pero su esposo no era de la misma calaña por más que compartieran un lazo de sangre. Se negaba a aceptarlo.

Estefanía se arregló rápidamente y subió al auto junto con él.

En el hospital, se encontraron con Eleonor sentada fuera del quirófano.

La mujer se retorcía las manos, mientras miraba fijamente a la nada.

Cristian se detuvo frente a su madre. La observó con calma antes de reparar en la marca rojiza que tenía en la mejilla izquierda.

Los ojos del hombre se oscurecieron antes de preguntar:

—¿Qué ha dicho el médico?

Eleonor alzó la mirada hacia su hijo entonces.

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