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El juguete del abogado romance Capítulo 54

—Dime que no te has estado saltando el almuerzo por las clases, cariño. Te veo un poco más delgada —comentó Eleonor mientras le hacía una seña a una empleada para que buscara alguna cosa.

—Para nada, señora Eleonor. He estado comiendo bien, solo que los exámenes de esta semana me tienen un poco ajetreada —mintió con una sonrisa amable.

—¿De nuevo con lo de señora? ¿Qué te dije sobre eso?

—Perdón.

—No te disculpes, cariño.

La empleada apareció de nuevo sosteniendo una funda protectora de alta costura entre las manos.

Eleonor se encargó de deslizar el cierre con delicadeza para revelar la prenda que se hallaba en su interior.

—Mira lo que llegó esta mañana desde París —contó—. Hablé con el taller de Elie Saab apenas vi el boceto y pedí que lo confeccionaran especialmente con tus medidas. Pensé en ti de inmediato.

En definitiva, era un vestido espectacular de seda en un profundo tono esmeralda, con finos bordados a mano. Un diseño digno de una pasarela internacional, costoso y exclusivo.

Estefanía no se visualizaba a sí misma usando una cosa como esa.

—Eleonor, es... es absolutamente hermoso —expresó, rozando la suave tela con las yemas de los dedos—. Pero no era necesario, de verdad.

—Por supuesto que sí. La esposa de mi hijo no puede usar cualquier cosa. Ven, ponte de pie, por favor —le pidió con dulzura.

Ella obedeció y la mujer no tardó en ponerse de pie también, sosteniendo con orgullo aquel vestido frente a su cuerpo.

—Te verás hermosa con esto. Estoy segura.

Los ojos de Eleonor se iluminaron por la ilusión de vestirla y consentirla como a una hija.

No le quedaban dudas. Su suegra realmente la había aceptado como parte de la familia.

Pasaron el resto de la tarde juntas, charlando sobre todo y nada, mientras reían y tomaban té.

De repente, Eleonor se puso un poco seria y sostuvo su mano entre las suyas.

—Cariño, eres una mujer joven, hermosa y llena de vida, y lo último que quiero es que sientas que te estoy presionando —comenzó a decir, mirándola a los ojos con un anhelo maternal—. Pero dime... ¿Cuándo van a darle un nieto a esta casa tú y ese muchacho ingrato?

Estefanía se puso rígida sin poder evitarlo.

Era la primera vez que le preguntaba eso directamente.

Antes se limitaba a hacer comentarios solo para Cristian, cosas como: «La casa se siente muy vacía, Cristian», «Ya va siendo hora de que sientes cabeza por completo» o «El dinero no sirve de nada si no hay a quién heredárselo».

La expresión de su esposo no variaba, así que era igual a hablarle a una pared.

—Sé que Cristian vive consumido por el trabajo y que a veces puede ser un hombre difícil, pero mi mayor anhelo es tener un nieto —continuó Eleonor—. Un bebé llenaría de alegría este lugar, Estefanía.

Ante la falta de respuesta de su parte, la mujer mayor dijo con un tono más entusiasta:

—¡Y no te preocupes por tus estudios! Sé muy bien que estás concentrada en tu carrera y no pretendo que lo dejes de lado. De eso nos encargaremos nosotros. Buscaré las mejores niñeras y enfermeras nocturnas. Tú solo te preocuparás por disfrutar de tu etapa como madre. Todo lo demás estará completamente resuelto.

Estefanía sonrió con tristeza.

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