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El juguete del abogado romance Capítulo 85

Acuerdo de divorcio…

Los dedos de Estefanía se despegaron del teclado de su computador.

Había invertido una hora exactamente en redactar todas las cláusulas.

No quería un solo centavo de la fortuna de Cristian ni de sus empresas; no le interesaban sus cuentas bancarias, sus acciones ni sus propiedades de lujo. Renunciaba expresamente a cualquier pensión compensatoria. Lo único que estipuló como suyo fueron los bienes que él le había otorgado a título de regalo personal durante los dos años de matrimonio: la titularidad de la perfumería, la casa de sus padres que él había liquidado a su favor, el auto y la colección de joyas que guardaba en su alhajero.

Nada más.

Para él esto en realidad no era mucho. Para ella era la posibilidad de tener un nuevo comienzo junto con su hermano sin la preocupación financiera.

Lo imprimió.

Fueron exactamente tres hojas.

Estefanía lo guardó en un sobre y luego se fue a la cama. Ni siquiera quiso hacer un «berrinche», yéndose a otra habitación. Se acostó justo allí, donde dormía con aquel hombre.

Cuando Cristian se acostó, ella ya estaba profundamente dormida.

El hombre la atrajo hacia sí, la acomodó en su pecho y cerró los ojos.

El aroma dulzón que desprendía la chica inundó sus fosas nasales, obligándolo a respirar hondo para embriagarse de ella como cada noche.

Su mano subió por el muslo de Estefanía con lentitud.

Había perdido la cuenta de las veces que había tocado sus muslos. El derecho. El izquierdo. Daba igual. Los había amasado, apretado y abierto, ya fuera para que recibieran el grosor de su polla o el calor de su lengua.

Sintió cómo su miembro se engrosaba de inmediato, pesado y tenso contra su abdomen, respondiendo al simple contacto de ella.

La piel de Estefanía tenía ese efecto. Era pálida por fuera. Pura. Casi artificial. Como la de una muñeca. Pero apenas sus dedos hacían contacto, se encontraba con un calor que lo quemaba por dentro, una hoguera encendida solo para él, lista para ser conquistada, reclamada y consumida hasta quedar reducida a cenizas.

Pero por más que la tocaba y ardía en esa llama por pura voluntad, el fuego no cesaba; a este punto era un maldito infierno. Devastador. Incontrolable. Adictivo.

Y le encantaba quemarse junto con ella.

Estefanía se removió entre sueños, un leve suspiro escapando de sus labios rosados.

Ese sonidito…

Cristian no resistió. Se inclinó y buscó su boca, rozando sus labios sin querer despertarla.

Capítulo 085 1

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