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El juguete del abogado romance Capítulo 90

Tres días después, Estefanía recibió una llamada en medio de una clase que la obligó a salir al pasillo.

—Buenas tardes, señora Sterling. Le llamamos del centro médico para recordarle su cita programada para esta tarde.

Justo entonces recordó que su inyección anticonceptiva acababa de vencerse y necesitaba renovarla sin falta.

Con todo el caos de los últimos días y la partida inesperada de Cristian, ella había pasado por alto ese detalle.

Y vaya detalle.

—Sí, por supuesto —confirmó de inmediato—. Estaré allá en una hora.

—Perfecto, señora Sterling. La esperamos.

Estefanía suspiró y regresó al aula para recoger sus cosas.

Normalmente a sus consultas ginecológicas, Cristian siempre la acompañaba.

Desde el primer día él había tomado un control absoluto incluso de eso.

Mucho antes de casarse, aquel hombre se aseguraba de que ella recibiera la inyección cada tres meses. El médico le pasaba un informe detallado a él. Cristian sabía más sobre su cuerpo que ella misma.

Por obvias razones, ese día él no asistiría. Pero estaba segura de que el doctor luego le informaría que la renovación del anticonceptivo había sido un éxito. Así de neurótico y controlador era aquel hombre.

Estefanía llegó puntual a la consulta. Tras una breve espera en la sala, la enfermera la hizo pasar al consultorio, donde el ginecólogo la recibió con una sonrisa amable detrás de su escritorio.

—Buenas tardes, Estefanía. Toma asiento, por favor —le indicó, revisando su ficha en la pantalla—. Cuéntame, ¿cómo has estado últimamente? ¿Algún cambio importante o molestia respecto a la inyección?

—Hola, doctor. Todo bien, la verdad —respondió ella, acomodándose en la silla—. Mis ciclos siguen siendo regulares, sin efectos secundarios ni variaciones raras. Todo normal.

—Perfecto. Si todo marcha en orden y los periodos se mantienen estables, no hay razón para cambiar la fórmula —asintió el médico, tomando una planilla—. Pasa a la camilla, por favor.

Estefanía se puso de pie y se acomodó en la camilla mientras la enfermera preparaba el material.

—Sentirá un leve pinchazo —le advirtió la mujer sosteniendo una jeringa.

Ella solo sonrió apenas, bastante acostumbrada a esa pequeña molestia de cada tres meses.

—Listo. Mantenga presionado ahí un momento con el algodón.

—Gracias.

Se levantó y el doctor concluyó:

—Todo quedó en orden, Estefanía. Nos vemos dentro de tres meses para la siguiente dosis.

—Muchas gracias, doctor. Hasta luego.

Y listo, todo fue así de rápido.

Lo que no se imaginaba Estefanía era que al salir el médico no tenía precisamente una expresión relajada.

El hombre se secó el sudor de la frente, preguntando a la enfermera con clara preocupación:

—¿Te aseguraste de ponerle la vitamina C?

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