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El juguete del abogado romance Capítulo 96

La noche avanzó y Estefanía bebió una copa tras otra, sintiendo cómo el alcohol le quemaba la garganta sin lograr apagar la rabia que le roía las entrañas. Con cada trago, su mente insistía en torturarla imaginando lo que su esposo estaría haciendo en su supuesta "reunión".

¿También se acostaba con esa mujer todos los días de la misma forma salvaje en que la buscaba a ella?

¿También le rogaba, también la devoraba con la boca?

Recordó el mensaje que había recibido días atrás y la palabra «beso».

Se besaron…

Y después de eso, ¿qué más?

¿Qué hicieron hoy? ¿Qué hicieron ayer? ¡¿Qué habían estado haciendo todos esos días en Madrid?!

De repente, se levantó del taburete, dejando a sus amigos a mitad de una frase, y caminó directo a la pista.

Bailó sin parar hasta que la pantalla de su teléfono comenzó a iluminarse y uno de sus amigos le aviso.

Era medianoche. ¿Recién llegaba? ¿Tan poco lo retuvo su amante esa noche?

Se burló dentro de sí, mientras contestaba arrastrando las palabras.

—Amoooor…

—¿Dónde estás? —Su tono seco, autoritario y profundamente disgustado no tardó en llegar a través del auricular.

Estefanía soltó una carcajada, sin molestarse en ocultar el ruido del lugar.

—¡Bailando! —gritó, dejando que el sonido de la fiesta le diera la respuesta antes de que él pudiera volver a hablar.

Y entonces colgó la llamada sin esperar respuesta. Se acercó a la barra, dejó el celular boca abajo junto a su copa vacía y se tomó un segundo para respirar. Con la barbilla en alto, escaneó con la mirada el lugar, buscando a un chico con quien bailar por puro despecho.

Rápidamente encontró a un candidato. Había estado lanzándole miradas desde hace rato, pero lo había ignorado; sin embargo, ahora era su momento de ser útil.

Le sonrió desde la distancia, sujetando un mechón de su cabello para enrollarlo en su dedo índice.

La señal era clara.

Estaba coqueteando.

¿Qué hombre no lo entendería?

Aquel sin duda lo había captado, y se acercó con pasos firmes y seguros.

Era alto. Moreno. De buena complexión. Una cara aceptable. Aunque… no era como él. ¡Maldición!

¿Por qué tenía que compararlo con ese traidor?

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