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El juguete del abogado romance Capítulo 99

Estefanía llevaba más de tres días tragándose la rabia y el asco de ese mensaje.

Ahora, con el alcohol en su sangre, lo había soltado todo como lo que era: una patética.

Porque amarlo tanto dolía así. Porque si no sintiera nada por él, se ahorraría el sufrimiento.

Sí, esa enorme piedra que le aplastaba el pecho… aunque ni siquiera podía decir que aquello era simplemente una metáfora. Literalmente, no podía respirar. La garganta le ardía y las piernas le temblaban como si no soportaran su propio peso.

Imaginarlo a él, al hombre que le hacía el amor cada noche, con otra, era una herida abierta y punzante.

Sin embargo, aquellos síntomas no eran ni siquiera el comienzo de su dolor; la respuesta fría de Cristian fue la estocada final que necesitó para hundir su corazón.

—¿Entonces todo esto es porque estuviste hurgando donde no debías? —su tono no contenía nada. Ni sorpresa ni arrepentimiento, ni una pizca de lástima. Era la voz plana de un hombre al que no le importaba absolutamente nada.

Estefanía empuñó las manos y alzó la barbilla, intentando tragarse las lágrimas, intentando suplicarles a sus ojos que no derramaran ni una gota más.

¿Pero cómo podría?

Ella era humana, no un monstruo como él.

—No lo vas a negar, ¿verdad?

—¿Tiene caso hacerlo? ¿No lo leíste ya?

De nuevo esa actitud sobrada y arrogante.

—Muy bien.

Con los últimos restos de su dignidad esparcidos por el piso mojado de ese baño, intentó esquivarlo. Avanzó directo hacia el dormitorio, decidida a buscar en el cajón el nuevo acuerdo de divorcio que había impreso esa misma mañana.

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