Capítulo 312 -¡Mamá! ¡Althea se desmayó otra vez! -gritó Karina, aterrada, desde la sala.
Riana salió corriendo de la cocina, con Kate y Felicia justo detrás. Althea estaba tendida en el sofá, con la cara pálida y la respiración débil y entrecortada.
Hacía tres días que Riana y Daniel, junto con la familia Callister, se turnaban para acompañarla.
Desde que se supo la noticia sobre Chase, ninguno se había atrevido a dejarla sola, ni un solo instante.
Todos sabían que Althea necesitaba más que consuelo: necesitaba fuerza. Pero, a pesar de los esfuerzos, su estado parecía empeorar día tras día.
Nadie podía culparla. La situación la sacudió hasta lo más hondo. Su estado mental era frágil, y las noticias contradictorias sobre el avión desaparecido solo empeoraban las cosas, alimentando su miedo y su desesperanza.
-Cariño, ¿me escuchas? Abre los ojos, Althea - urgió Riana con dulzura mientras se acercaba al cuerpo tembloroso de su nuera. A ella se le partía el corazón, pero se obligaba a mantenerse firme. No podía derrumbarse ahora, no cuando Althea y Josh necesitaban un apoyo en quien recargarse.
Felicia volvió con un vaso de agua y le abanicó la cara a Althea.
-Es la tercera vez esta semana -murmuró, con la preocupación marcada en cada gesto-. De verdad estoy empezando a asustarme.
Kate tomó la mano inerte de Althea y la sostuvo con firmeza.
-Se está guardando demasiado para adentro. Cada vez que pregunta por Chase, le pasa esto.
Althea entreabrió los párpados, con la voz débil y temblorosa.
-Todavía... no lo encuentran, ¿o sí?
Riana sonrió, con un gesto suave y tembloroso que no le llegó a los ojos.
-Lo siguen buscando, cariño. Los equipos de rescate ampliaron el área hasta la frontera griega.
Todas las unidades de élite están allá.
-Entonces no hay ninguna señal todavía...
-No por ahora -respondió Kate con cuidadoPero eso no significa que sean malas noticias. A veces los aviones aterrizan de emergencia en zonas remotas; encontrarlos puede llevar tiempo.
Althea miró fijo al techo, con lágrimas silenciosas resbalándole por la cara.
-¿Cuántos días han pasado, mamá?
-Hoy es el cuarto día -dijo Lydia en voz baja--.
Pero tenemos que seguir creyendo. Pronto van a encontrar algo.
Desde la escalera se escuchó una vocecita. Josh estaba parado ahí, abrazando a su osito de peluche, con los ojos enormes llenos de inocencia.
-Mami... ¿papi todavía no llega porque el avión está cansado?
Todos se quedaron paralizados. Riana tragó saliva con dificultad y logró formar una sonrisa débil y vacilante.
-Sí, mi amor. El avión solo está descansando un ratito. Cuando recupere las fuerzas, va a volar de regreso a casa.
Josh asintió despacio.
-Quiero ver a papi Chase.
Althea se cubrió la boca, con el cuerpo sacudido mientras intentaba contener los sollozos.
-Ven, Josh -dijo Felicia con dulzura, dando un paso adelante-. Tienes que prepararte para la escuela, ¿te acuerdas? ¿Quieres que te lleve la tía Felicia hoy, o la tía Karina?
Josh lo pensó un momento y luego susurró:
-La tía Felicia. No te molesta, ¿o sí?
Felicia sonrió con calidez.
-Claro que no, mi amor. Me encantaría.
En cuanto Josh desapareció en su cuarto, la entereza de Althea se hizo pedazos. Bajó la cabeza, con la voz temblorosa.
-¿Cuánto tiempo más voy a tener que mentirle?
¿Cuánto tiempo más voy a tener que fingir que soy fuerte frente a mi hijo?
Lydia extendió la mano y le apretó la suya.
-Hasta que puedas hablarle sin derrumbarte enfrente de él.
-¿Y si no vuelve, Lydia? ¿Y si ese avión...?
-¡No digas eso! -la cortó Riana con dureza-. No podemos pensar así. Hasta que no haya un comunicado oficial, Chase está vivo. A eso te tienes que aferrar.
Kate habló, con un tono sereno.
-Hablamos con la aerolínea. No encontraron ningún resto. Es una buena señal. No dejes que la mente se te vaya por ahí.
Los ojos llenos de lágrimas de Althea se posaron en una cara y luego en otra.


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