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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 225

SILAS

Cuando todos dormían, en las penumbras, comencé a escuchar gemidos bajos.

Me acerqué a la puerta de su cuarto, en el área de servicio.

Odié que mi señora no la mandase a la barraca, ¿por qué tenía que darle un trato preferencial?

Ahora entendía por qué, ella era inteligente, tenía sus propios planes.

“Mmmm, su señoría es tan hermosa…”

“Me encanta mi señora… mmm, señoría, quiero tocarla…” se escuchaban susurros femeninos indecentes.

Rechiné los dientes y di un puñetazo contra la pared, desprendiendo un trozo de los viejos ladrillos.

Tenía que controlarme; no podía alertar a los otros sirvientes ni dejarme llevar por este impulso asesino.

Esa zorra gemía como si estuviese acostándose con mi señora; parecía ser el hechizo, creía de seguro que estaba complaciéndola en su cuarto.

Todo era falso, pero me hacía hervir la sangre solo de imaginar las escenas que pasaban por su asquerosa cabeza.

No importaban los desvaríos de esta esclava, su señoría solo se complacía conmigo, se durmió entre mis brazos, tan pequeña, tan perfecta…

Un sentimiento intenso ardió en mi pecho al tenerla acurrucada contra mi cuerpo, su olor, su presencia.

Era una intimidad que nunca había experimentado, diferente, única… irremplazable y adictiva.

Deseaba tanto protegerla, yo… solo un elemental, cuando ella era un ser tan poderoso que incluso retenía a esa otra bruja en su interior.

Debía gustarle a su señoría, yo, solamente yo…

¡Incluso me mordió!

Llevé la mano a mi cuello, no es la única marca ni mucho menos que me habían hecho en el cuerpo, sin embargo, es la primera que he deseado en realidad.

Me excitó tanto sentir cómo se alimentaba de mi sangre, de mi vida, como lo disfrutaba… ella me llevaba a los límites, me hacía sentir cosas extrañas, pero anheladas, quería experimentar más de estos intensos sentimientos.

Lo quería todo con esa mujer.

“¿De dónde eres, qué eres en realidad?”

Las hechiceras no hacen ese tipo de cosas.

Han jugado también vampiras y lobas conmigo.

Esa entidad que me atrae, ¿tiene que ver también con los vampiros o con los lycans?

Creía que solo era otra bruja poderosa.

Creo que escuché hablar una vez que las mujeres de la familia real eran diferentes, las más poderosas, pero raras y escasas.

¿Era de esa raza?

Intentaba engañar a mi cerebro pensando en cosas agradables con mi señora, pero mi maldici0n se revolvía con unas ganas enloquecidas de asesinar.

La suprimí férreamente y esperé, escuchando como un masoquista, hasta que casi al amanecer pararon los gemidos excitados y lascivos.

Pronto el castillo volvería a la vida.

Miré por última vez a la puerta de madera y regresé a mi habitación a limpiarme bien.

Siempre me sentía sucio, no importaba cuántas veces pasara el estropajo por mi piel y la dejase en carne viva.

No era mejor que esa esclava; de hecho, era mucho, mucho peor. Ella no estaba tan contaminada como yo.

Abrí más las piernas y subí hasta mi cintura el camisero semitransparente, me incliné para agarrar la cabeza pelirrubia que me chupaba el coño. — Mueve más la lengua como te lo ordené, más, más… — gemí excitada, me ponía tan cachonda que todo saliera como deseaba.

— Organiza la mansión Evermere Hall, se hará ahí la fiesta para que el próximo heredero de los Vlad busque a su noviecita. Debemos asegurarnos que las candidatas nos convengan, nada de familias a favor de la corona — comencé a tramar mis planes y el mayordomo asintió.

— Ven, fóllame —halé la cadena del grillete en el cuello del esclavo nuevo.

Se incorporó tosiendo, qué pulmones tan débiles, ni que lo hubiese mamado tan profundo.

— Trae más jugos de amor —ordené, bajando con mi dedo su párpado inferior y viendo las pupilas que no estaban lo suficientemente dilatadas y oscuras.

El hechizo de magia negra se estaba diluyendo muy rápido, este elemental no retenía las sombras por mucho tiempo y necesitaba que estuviesen bien concentradas cuando me eyaculara dentro.

— ¡Vamos!, ¡¿qué esperas para meterme la polla?!

Me recosté hacia atrás del desván con impaciencia, controlando implacable la gruesa cadena en mis manos que lo volvían obediente a la fuerza.

— Mmmm, más, más duro, más… — me comenzó a follar, tomando mis caderas y martillando en mi interior, arrodillado sobre las baldosas del baño.

Miré a su hermoso rostro, bueno, ya no tan hermoso como en esa subasta.

Qué fastidio con estos elementales, el hechizo oscuro que les metía en las venas los destruía demasiado rápido.

Solo uno estuvo a la altura, él…

Observé su polla y sí nada mal, pero no era tan gruesa para rellenarme como me volvía loca, ni tan dura, ni se ponía tan enrojecida y venosa, ni tan deliciosa, como la de él…

Cerré mis ojos, aunque no quisiera, mi mente me llevaba siempre a él…

Sus ojos arrogantes, ingobernables, sus penetraciones con furia y para desgarrarme, sus manos en mi cuerpo hundiéndose con un odio visceral que me hacía estremecer el útero.

— Oh sí, sí, dámelo más duro, ssshhh, mi consentido, yo soy tu jodida dueña aunque lo aborrezcas, ¡eres mío!, ¡¡mi propiedad!! ¡¡mi juguete!! aaahhh … — meneé mis pelvis, rápida, empalándome vigorosa.

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