SIGRID
—No es necesario que me pongas los zapatos, Silas, yo lo hago —le quité los botines de la mano y me los calcé yo sola.
La verdad es que tener a una persona siempre a mi alrededor ayudándome en todo, me daba algo de jaqueca.
Solo que su presencia silenciosa no me molestaba, se lo permitía, pero algo me decía que ahora mismo vendrían las tormentas.
—Mi señora, iré rápido a mi habitación a cambiarme, el traje azul que mandó a confeccionar para mí ¿le parece adecuado? —se levantó de repente con premura
— Mejor lo pruebo y usted me dice…
—Espera, Silas —lo detuve cuando ya había girado su espalda
— No es necesario que te cambies, no irás conmigo a la fiesta.
Miré a su ancha espalda rígida, se quedó en silencio sin voltearse, pero yo podía sentirlo, el torbellino de sentimientos que se movían en su interior.
—Es peligroso, pueden reconocerte, no sé si Lucrecia…
—¿Es por mi apariencia horrenda? —se giró de repente, apreté los puños al ver la desolación en ese ojo dorado.
—No, ya hemos hablado de eso, a mí no me molesta…
—Pero sí a los demás, la van a criticar por tenerme como su acompañante —me observaba errático, todos esos complejos negativos saliendo de él a raudales.
Iba a abrir la boca para sacarlo de su equivocación, pero él se me adelantó.
—Quizás puede cambiarme el color del cabello, un hechizo de transformación, no creo que nadie se acuerde de mí, estaré como una sombra a su lado, mi señora, no me deje atrás, no la voy a avergonzar —hizo por dar un paso hacia mí, pero yo di otro atrás.
Sé muy bien que Silas era un experto en manipular, le salía natural, me imagino que tuvo que aprenderlo para sobrevivir.
Una cosa era que me dejase porque me convenía o gustaba, y otra muy distinta que no me diera cuenta.
— He dicho que no, ¡y es no! —le hablé con dureza, inflexible, me dolía el pecho, pero esto lo hacía por su bien.
— Si es por esa bruja… si la veo, le juro que no me acercaré a ella, no haré nada que la ponga en peligro…
— ¡Silas, conoce tu lugar de una vez! - lo interrumpí — Ya basta de negociar, ¡no confundas mi favoritismo con debilidad, sigues siendo mi maldito esclavo!
Se quedó congelado en su lugar, pero no bajó la cabeza como de costumbre, esa oscuridad comenzó a salir de su cuerpo como una segunda piel.
¿Me atacaría ahora que no cedía a sus deseos?
Me preparé para todo, Silas era un ser demasiado impredecible.
—Yo solo quiero protegerla, mi señora…
—Y yo no necesito tu protección. ¿Qué te hace pensar que un elemental, por muy especial que sea, puede superar a una bruja poderosa?
No quería herirlo, no quería… pero él era demasiado terco.
—Te quedarás y es mi última palabra —caminé con todo el ímpetu que pude reunir.
—No voy a poner ningún maldito hechizo… —levanté la mano y la hundí en toda esa bruma oscura, agarrando su mandíbula tensa con todas mis fuerzas y jalándolo hacia mí, pegando su rostro a centímetros del mío.
A duras penas, reteniendo mis poderes de Selenia que se estaban saliendo de control con la ira recorriendo mis venas.
—No voy a encadenarte, ni a hechizarte, te quedarás justo aquí, en este maldito cuarto y no vas a salir, porque no me da la gana, porque te lo ordeno yo. Ay de ti si me desobedeces, Silas.
Mi respiración acelerada, nuestras voluntades férreas enfrentándose, chocando titánicamente.
Era fuerte, lo era, apenas mi silueta se veía, sumergida en toda esa bruma de oscuridad enloquecida, que comenzaba a llenar la habitación.
Su ojo dorado, el sano, empezó también a ennegrecerse, él solo me observaba y me observaba, luchando contra mi orden, luchando contra él mismo.
—Dime si te quedó claro —apreté más mi agarre.
Mi boca sobre la suya entreabierta, nuestros labios se acariciaban en cada amenaza, él inclinando sus más de 1.95 cm sobre el pequeño cuerpo de apenas 1.70 cm.
—¡Silas!
—Sí, mi señora —al cabo de lo que pareció una eternidad me respondió, bajando al fin la mirada y claudicando, aparentemente.
Su poder mágico tan caótico comenzó a regresar a su cuerpo, la bruma acariciaba mi piel con melancolía.
Subí mi mano libre en el aire y se enredó entre mis dedos sin quererme soltar.
Si esto era la separación de unas horas, ¿cómo sería irme para siempre?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...