SIGRID
Cada vez la idea de llevarlo al futuro se hacía más fuerte, ¿pero cómo lo haría?
—Volveré, solo obedece, sé bueno y te recompensaré —lo solté al fin, agregando también un soborno.
Me dolió ver la rojez en su barbilla, quería curarlo, pero no podía ceder ahora o mis propias palabras no tendrían sentido.
Di la espalda y me marché de la habitación tirando la puerta.
Me quedé de pie en el rellano unos segundos, agarrando el picaporte.
Lo podía sentir desde el otro lado, parecía llamarme a gritos en silencio.
Cerré los ojos y me puse la máscara de Electra.
Hoy era un día demasiado escabroso e importante, que no podía fallar.
Antes de bajar las escaleras, igual aseguré con un hechizo simple la puerta y el cuarto en general, sabría si alguien entró o salió.
Si Silas me desobedecía, me enteraría, si alguien más entraba aquí, también lo sabría.
*****
—Señorita Electra —el mayordomo me puso la pesada capa sobre los hombros para despedirme en la puerta de entrada.
Salí entonces al exterior, colocándome los guantes de cuero.
Un carruaje ya me esperaba, el cochero, era Grimm.
—Su señoría, gracias por permitirme acompañarla —se inclinó como el lamebotas traidor que era.
—Bien, nos iremos directo a Evermere Hall —le ordené sin darle una segunda mirada.
Él me abrió la puerta del carruaje y extendió su brazo para ayudarme a subir las escalerillas.
Me apoyé en su mano y aproveché para conjurar un hechizo de rastreo, quería saber en dónde estaba en todo momento durante la fiesta.
Si me lo llevaba, era para que no tramara nada contra Silas mientras yo no me encontraba, y de paso, mantenerlo controlado.
Me acomodé en los mullidos asientos de terciopelo.
Ataviada con un hermoso vestido en negro.
El encaje del pecho subía formando una enredada gargantilla en mi cuello, el cabello suelto, maquillaje ahumado como le gustaba a Electra.
Hoy tenía que hacer de mis mejores actuaciones.
El carruaje comenzó a moverse con el fustigar de Grimm a los caballos.
Dejamos atrás el patio interior de mi mansión y subí la cabeza para mirar a la torre más alta.
No hacía falta utilizar ninguna magia para saber que detrás de una columna de la terraza estaba mi adorado tormento vigilándome.
De verdad esperaba que esta vez obedeciera.
—Su señoría, no se altere, de verdad lo lamentamos, parece que hubo una equivocación, nadie la acusa de nada —una de las hechiceras se adelantó, las demás listas para enfrentarme.
—Si la equivocación fue suya, ¿qué culpa tengo yo de eso? Ya estoy aquí y no me retiraré, así que abran la maldit4 puerta de una vez —la miré desafiante y saqué parte de la magia que podía controlar del cuerpo de Electra.
El ambiente afilado, solo hacía falta una pequeña cerilla para incendiarse.
Eran muchos, pero yo tenía que ver a Alessandre Vlad, no importaba cómo.
—Lo lamento, pero no podemos abrir, retírese por las buenas o por las malas…
—¿Qué modales son estos de tratar a nuestras invitadas? —de repente, una voz fría se escuchó cerca.
—Señor, parece que hubo un error, pero ya lo estamos arreglando —uno de los vampiros se giró a enfrentar al recién llegado, que había salido del bosque dentro de la mansión.
Controlé los impulsos de mi corazón; ¡era el tío abuelo!
—Error, o lo que sea, ya la Srta. De la Croix está aquí, ¿cómo se les ocurre que va a regresar?, y además, ¡están deteniendo la fila con sus idioteces!
Les rugió mostrando los colmillos, sus ojos rojos llenos de amenazas.
Realmente, todos los curiosos a mi espalda observaban cuchicheando, sacando las cabezas por las ventanitas.
En un dos por tres abrieron las rejas para mí, no entendía algunas cosas, pero seguí la corriente.
—Srta. Electra, por favor, me siento demasiado avergonzado, si me permite disculparme personalmente con usted —se acercó a mí, dándome un saludo cordial y mirando por un segundo hacia el interior del carruaje.
Le tomé enseguida la seña.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...