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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 249

SILAS

Todos los días nos levantábamos llenos de miedo, como un ganado cazado por vampiros, brujas y lycans.

Mis pobres padres me decían, esta nueva Reina cambiará la balanza, solo debemos darle tiempo, solo tenemos que tenerle fe.

Y la tuve, a pesar de ser secuestrado de mi casa, llevado lejos, encadenado y vejado, destruido.

Siempre recordé esas palabras de aliento y era lo que impulsaba a resistir… algún día cambiará… será mejor… solo aguanta… confía en la Reina y te rescatarán…

A punto de morir, vi su verdadero rostro, eliminó como esas brujas su pecado.

Ella también nos usaba en secreto como animales para buscar procrear su raza.

Los odio, los aborrezco, pero más a las Selenias, por hipócritas y mentirosas, por darnos esperanzas y a la vez permitir que nos masacren.

Al menos Lucrecia me mostró al monstruo desde la primera vez.

Quiero destruir este mundo, quiero destruir a todas estas malnacidas, así que luché con todo el odio de mi corazón para liberarme y convertirme en su verdadera pesadilla.

*****

SILAS ACTUAL, CON SIGRID

En algún momento perdí la consciencia.

Gruñí bajo, levantándome del duro suelo del bosque, desorientado, me llevé la mano a la sien.

Creía haber soñado algo perturbador, pero ya no lo recordaba.

Miré a mi alrededor, ¡¿qué rayos?!

Parecía que un tornado había azolado el bosque oscuro, arrancando los árboles de raíz, las ramas rotas, la tierra llena de cráteres por todos lados.

Me levanté con los ojos muy abiertos, mirando hacia el horizonte despejado.

Solo se veían las montañas a lo lejos, el cielo nocturno sobre mi cabeza, la luna… la luna llena parecía contener motas de sangre.

Recordé mi lucha, llevé la mano a mi pecho burbujeando repleto de poder, miré hacia abajo de golpe.

¿Dónde estaban mis heridas, mi piel marcada, mis quemaduras y cicatrices?

Subí los dedos en el aire y los observé como un tonto, mi corazón latiendo apresurado.

Lo podía sentir, la energía demencial y enfurecida rugiendo en mis venas.

Esos espectros obedecían mis comandos, los sentía con mi mente, estaban en un espacio mágico que había creado para ellos, aguardando, esperando a ser convocados y luchar.

No tenía dolor, me sentía repleto de magia, de fuerza, ¡mi rostro!

Corrí hacia donde estaba el pozo de esas pobres almas ahogadas.

Me incliné casi con miedo de tener esperanzas en vano, mis manos apretándose sobre la fría piedra del borde.

El reflejo de un hombre me devolvió la mirada eufórica, un hombre completo, el hombre que fui algún día.

Miré el edificio frente a mis ojos, las luces apagadas, no se escuchaba el sonido del trajín de los sirvientes, ni esclavos.

Ya era de noche, durante el día, me encargué de visitar a mi viejo amigo Grimm en la posada donde lo había llevado Alessandre bajo mis indicaciones.

Antes de morir, confesó lo que siempre he sabido, que trabajaba para Morgana, pero ahora me juraba completa lealtad.

Idiota, su cabeza rodó por el suelo y lo siento por el posadero, pero le manchó con sangre la moqueta.

Subí las anchas escaleras y empujé la puerta doble de entrada.

Mis pasos resonaron en el vestíbulo, aparentemente vacío y en penumbras.

Moví la mano y lancé llamas hacia los candelabros anclados en las paredes.

Antes de que se iluminaran, la puerta detrás de mí se cerró con un golpe seco.

Sé muy bien quién era y que me estaba esperando.

— Querida Electra, ¿te divertiste mucho en la fiesta de Lucrecia Silver? – la voz fría como una serpiente se escuchó a mi espalda.

— Oh, así que me estabas esperando, querida hermana – me giré para enfrentarla, mi sonrisa cínica y de sarcasmo.

Nuestras miradas llenas de intenciones malignas enfrentadas, la magia asfixiante se movía en el aire.

— ¿Por qué mejor no nos dejamos de hipocresía y me preguntas lo que en realidad quieres saber, Morgana?

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