SIGRID
No supe qué decir ni hacer; una lágrima silenciosa rodó por la esquina de mis ojos que solo miraban hacia el cielo.
¿Cómo no lo vi antes? Ahora me resultaba tan evidente.
El hombre que hablaba con calidez a mi espalda, que me abrazaba y susurraba palabras de amor en mi oído, mi mate, es el supuesto villano.
El más temido, el más cruel y sanguinario, es increíble cómo los vencedores pueden tergiversar la historia.
—… pero me puedes seguir llamando Silas, en realidad Umbros no es un nombre que me sea ya familiar, no me gusta …
—¡No lo menciones más! —me giré de repente y le tapé la boca con mis manos—. Te llamas Silas, eres mi Silas, ese nombre no… ¡no lo menciones más…!
Le grité intentando no quebrarme, como si solo no mencionar la palabra, pudiese cubrir su destino, la destrucción que él representaba.
—Sigrid, ¿qué sucede? ¿Por qué lloras? —apartó mi mano de la boca, su rostro mostrando extrema preocupación y con sus dedos enjugó mis lágrimas que caían sin cesar.
Me ahogaba en la tormenta de mis propios sentimientos.
Lo abracé con fuerza, sin responderle, contra mi pecho, con desesperación, queriéndole decir tantas cosas, pero cómo acusarlo de un futuro que ni siquiera conocía.
—Nada, nada, solo, de repente tuve miedo —confesé, hundiendo mi cabeza, aferrándome a su espalda, tenía que recomponerme.
Aunque quisiera contarle la verdad, no podía decirle nada.
Sabía ya por qué este maldito voto de silencio que no me dejaba hablar con claridad del futuro, ni de mi misión aquí.
—Tuve miedo de perderte, ahora que eres tan poderoso, muchas mujeres te codiciarán, quizás ya no te conformes con una Selenia a medias.
Tragué el nudo en mi garganta y le hablé la primera tontería que se me ocurrió.
Sentí su mano fría levantando mi barbilla, quería rehuir, no verlo de frente, pero él me obligó a mirarlo a esos ojos hermosos, tan luminosos.
Daría lo que fuese para que no se manchasen de más oscuridad.
No me habló por unos segundos, solo mirando a mis lágrimas, sus músculos faciales tensos, su magia dudosamente en calma, no sabía si me creía.
Silas era un hombre muy inteligente, observador y perspicaz.
—Eso nunca va a suceder, jamás, siempre estaré contigo Sigrid, siempre, mi cuerpo y mi alma te pertenecen, tu marca, está aquí… —tomó mi mano y la colocó sobre su poderoso corazón.
Los latidos fuertes y constantes se sentían bajo mis dedos temblorosos.
—Profundamente grabada en mi ser, no tengas miedo, mi Selenia, yo te protegeré, yo protegeré nuestro amor —aseguró, desarmándome por completo.
Bajó su cabeza para besarme con pasión, con deseo, con prisas.
Mis labios temblaban, el sabor salado de las lágrimas se mezclaba entre ambos.
Este es el hombre que se liberará en mi futuro y va a masacrar a toda mi familia, a mi madre, a mi padre, mi abuela, mis seres queridos …
Silas me cargó sin hacerme más preguntas y se sentó en el tejado.
El amanecer estaba casi sobre nosotros, el fin de esta noche tan sangrienta.
Acariciaba mi cintura lentamente y me apretaba con la otra mano sobre su cuerpo, yo estaba recostada de lado.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...