NARRADORA
Los musculosos brazos de Aldric luchaban en un pulso contra los de Khalum.
Sus patas se hundían en la tierra, pero ninguno cedía, rugiéndose como salvajes, atacándose con mordiscos quita-trozos.
Khalum estaba estático, prisionero del ataque del abuelito, y sentía el peligro venir sobre su cabeza.
Silas saltó en el aire con la bruma ondeando a su alrededor, la mitad de la cara cubierta en runas malditas, su expresión mortal…
Agarrando la guadaña sobre su cabeza como un verdadero mensajero de la muerte.
Su túnica negra ondeó con el viento y Khalum entendió que lo habían llevado a una trampa.
Parecían no trabajar juntos, pero sí se confabularon para apresarlo.
¡Perdería ante ellos!
“¡NADIE ME VA A SEPARAR DE MI LYRA!”
Entró en modo salvaje on.
¡BOOM!
La punta de la enorme guadaña se hizo añicos al chocar con un escudo de energía verde que explotó del cuerpo de Khalum.
Lanzó a Silas unos metros más allá y cayó de pie sobre la rama de un árbol.
Miró los fragmentos negros que se esparcían por el viento.
Nadie nunca había deshecho así su maldición sobre un arma convocada.
Aldric, que recibió el aura de golpe, se quedó congelado.
Maldición, ¡no podía moverse!
Luchaba contra su propio cuerpo, ordenándole a sus músculos que reaccionaran.
“¡AZAROT, MUÉVETE DE UNA VEZ!”
“¡¿Acaso crees que no lo intento?! ¡Me cago en la fuerza de este niñato!”
Khalum controlaba a las bestias y él… aunque un hijo de la Diosa, el lycan más poderoso de su reino, también tenía una parte animal.
Otros demorarían más en liberarse, quizás caerían de rodillas ante la presión, pero no el Rey Lycan.
El impacto lo alejó a algunos metros de Khalum, que se quedó mirándolo amenazante, pero Aldric solo demoró un segundo en tomar el control.
Sin embargo, lo sabía: en una batalla, contra un enemigo tan letal, un segundo significaba la muerte.
Khalum no quería llevar esto a los extremos, ya estaban escuchando en sus mentes los regaños de sus mujeres.
Ni siquiera se habían lavado las nalgas y ya tenían que bajar con las greñas despeluzadas a separarlos como cachorros rebeldes.
“¡No quiero pelear más!” Drakkar les rugió, no deseaba enojar a Lyra.
Aprendió la lección. Tenía que escoger mejor a quién preguntar la próxima vez.
Aldric iba a decirle que esto no se acababa aún, pero Silas le tomó la delantera.
Su vena oscura se iba activando, probando… ¿Qué tan fuerte era en realidad su yerno, el salvajito?
De todas las manadas del Continente de los Hombres Lobos, la del pantano era la más indomable y primitiva.
—¿Qué dices?… Yo apuesto por Aldric —Cedrick midió las posibilidades.
Es cierto que ese otro chico Drakkar era súper fuerte, de tamaño descomunal, pero Aldric tenía más experiencia en el combate.
Se notaba la inteligencia táctica al desgastarlo.
Sin embargo, Cedrick solo veía a los lycans, había olvidado al hombre peliblanco que casi se cargó su reino entero.
—¡Maldita sea! ¿Qué piensa hacer ese psicópata en mi pantano? —Hakon se puso hasta nervioso al ver aparecer varios círculos negros alrededor del Khalum.
Eran como pozos de brea suspendidos en el aire y, de ellos, manos huesudas salieron y luego emergieron cabezas de sombras.
Espectros del mismo tamaño de Khalum ¡o quizás más gigantes!
Si esas cosas lograban colar todo el cuerpo en este pedazo de tierra, ¡su pobre pantano peligraba!
Ya la tierra se quebraba en ranuras profundas que se iban expandiendo por el suelo.
¿¡Acaso no eran familia estos tipos que ahora intentaban matarse!?
—No sé, joder, cualquiera puede ganar… —Cedrick se amasó la barba corta, relajado porque el desmadre no era con él.
Sin embargo, las cosas cambiaron en un instante y alguien más se sumó a la fiesta.
—Pensándolo bien, creo que apuesto por… ¡Aidan!
Su rugido salió lleno de asombro al ver aparecer a su hijo desde las alturas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...