NARRADORA
—Ahora mismo me vas a decir qué sucedió, Abigail —Anastasia estaba de pie frente a su hija, que había corrido hasta la casita que compartía con Hannah.
En la manada del pantano las casas estaban construidas sobre los gruesos y enormes troncos de los árboles.
Así evitaban ser arrastrados cuando las aguas subían en los tiempos tormentosos.
—El problema es que el príncipe Fenrir… pensó que yo era su pareja…
Hannah fue en su rescate y le contó a Anastasia las cosas que habían sucedido.
Obviamente, omitió las partes íntimas con su hombre.
—¿¡Pero será cabrón!? —Anastasia rugió con las llamas cosquilleándole en la piel.
—Pero él también me ayudó, mamá; mi loba de fuego… está controlada —Abigail murmuró aún con la cabeza baja.
—Sí… es cierto —ahora que la examinaba con detenimiento, Anastasia notó que el mar de fuego en el interior de Abigail estaba más aplacado.
Sin embargo, no por completo: no sin la marca de su macho, y su loba lo buscaba constantemente.
—Él puede ayudarte, sin embargo… —Anastasia suspiró.
No le hizo ni pizca de gracia que ese príncipe le hubiese huido a una de sus hijas.
—También me respetó; tuve… una recaída y él… no se aprovechó de mí, solo me cuidó.
—Entonces, Abigail, ¿¡lo vamos a defender o a crucificar!? —Anastasia estaba perdiendo un poco la paciencia.
Abigail era demasiado caprichosa y tiquismiquis.
—¡Mamá, si no nos hubiésemos encontrado por accidente, me iba a quedar toda la vida esperando por él! —levantó la cabeza de golpe.
—¡Además, no me da la gana de ponérselo tan fácil después de lo que pretendía hacer con Hannah! —se puso de pie con determinación.
Las lágrimas de cocodrilo en su cara eran inexistentes y, lejos de parecer afligida y dolida, más bien mostraba fiereza.
—Pero… ya yo me emparejé con Magnus y todos felices…
—¡Pues yo no estoy feliz! —le respondió a Hannah, que le dio una mirada de resignación.
—Además, tu mate también es bueno y bueno. Se aseguró bien rápido para no compartir con su hermano… ¿y si fueras la hembra de ambos?
—¡Uf, que la Diosa me ampare de esa calamidad! —Hannah comenzó hasta a rezar.
Anastasia tenía un tic nervioso en un ojo.
Muy en el fondo de su alma, a veces se preguntaba si ya no era hora de patear a las pichonas del nido y ella poder vivir a solas con su macho.
—Abigail, entonces, hija mía, ¿me estás queriendo decir que toda esa escenita dramática fue solo para castigar al príncipe Fenrir?
Anastasia la miró fijamente, preguntándose cómo unas gemelas podían ser tan diferentes.
—Madre —Abigail le dio esa mirada que presagiaba problemas—. Prepara la celebración para dos bodas, pero, hermana…
Miró hacia Hannah.
—Lo siento mucho, tendrás que esperar unos días a que le demuestre a ese presuntuoso lycan lo que es quedarse esperando.
Su mirada destelló de manera maligna.
—Va a tenerme que demostrar que de verdad valora el vínculo entre nosotros y no solo es un capricho más, o mamá, se casará una sola de tus hijas.
Se agarró la falda, sacando pecho, subiendo barbilla y caminando toda reina hacia su cuarto.
—Diosa bendita, la contradicción de la contradicción —Anastasia murmuró—. Y yo que pensé que tú serías la difícil de emparejar.
Miró a Hannah, que le dio una sonrisa resignada.
Siempre decían que, por ser tan marimacha y poco femenina, tan despreocupada, ningún hombre la iba a aceptar.
Sin embargo, mira cómo le congeló bien a gusto el corazón al príncipe Magnus.
—De esta me salen más canas, eso es seguro —Anastasia bufó mientras se marchaba.
Ahora vería cómo explicarle este embrollo a su Alfa salvaje.
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Dentro de una de las cabañas más alejadas del centro de la Manada del Pantano:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...