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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 803

NARRADORA

—Nosotros tenemos las mejores intenciones con sus hijas, señor.

—Claro, tan buenas que le encajaste primero los caninos antes de pedirnos su mano —Hakon gruñó con ira.

El mismo sentimiento que lo había acompañado desde las profundidades de su pantano hasta su manada.

Pero fiel a la promesa que le hizo a sus hijas, la matanza no había comenzado… aún.

Una mano femenina sobre su muslo se apretó con fuerza, era la de su mujer Anastasia.

Estaban todos sentados en una reunión familiar.

O más bien, el bando de los acusadores y el de los acusados: Fenrir y Magnus.

—Príncipes lycans, realmente esto… ha sido algo inesperado para nosotros como padres; entiendan a mi pareja —Anastasia, la Beta Centuria del reino, habló firme, pero más conciliadora.

Era la madre de las gemelas que ahora se ubicaban a un lado como niñas buenas, pero por dentro los nervios andaban por las nubes.

—Suegra…

—Llámala Señora Anastasia —Hakon casi le ladró a Fenrir.

Creía que era el mejorcito de los dos porque, al menos, no había marcado a su pequeña.

Poco sabía lo pronto que cambiaría de idea.

—Sra. Anastasia… alias nuestra futura suegra — “rectificó” y Magnus tosió a su lado de manera corta y brusca.

“No vayas a soltar una de tus perlas, Fenrir; si no, déjame hablar a mí”, le rugió en la mente, donde se llevaban a cabo la mayoría de las conversaciones en la sala.

—Le queremos pedir formalmente la mano de sus hijas; tenemos las mejores intenciones de hacerlas nuestras princesas, nada les faltará nunca…

—¡¿Estás insinuando que en mi manada les faltaba algo?! —Hakon dio un manotazo en el reposabrazos, que crujió de manera peligrosa.

—Por favor, Alfa, ¡no podemos estar discutiendo a cada palabra! —Los ojos de Anastasia fulguraron peligrosos hacia su hombre.

Era una mujer robusta y alta, de cabello rojo como el fuego más ardiente, y un temperamento también de guerrera.

Pero mujer al fin, veía más allá que solo el “marcar territorio” en los machos.

—Nuestras hijas llevan un tiempo buscando sus machos ideales y, a pesar de que hubiésemos deseado que fueran de nuestro continente… —Anastasia hizo una pausa, mirando a sus pequeñas.

— No se puede luchar contra el destino.

Ahora que el momento había llegado, también se le estrujaba el corazón.

Su mano temblorosa, de repente, fue tomada por la áspera y grande de Hakon, que le dio un suave apretón.

—Bien, nosotros, como sus padres, siempre velaremos por ellas. Aceptamos si las gemelas están de acuerdo con su unión, aunque Hannah… es obvio que ya escogió.

—Mamá… papá… —La poderosa mujer de invierno se puso de pie y caminó hacia el frente de sus amados padres.

Se inclinó entonces con respeto, hincándose sobre una rodilla y tomándolos por sorpresa.

Su mano fue a sostener las de sus padres en su regazo.

—Estoy agradecida por todo el amor que he recibido hasta ahora, no importa adónde vaya, yo siempre regresaré a mi hogar —les dijo con voz estrangulada por la emoción.

Las lágrimas comenzaron a rodar por los ojos rojos de Hannah.

La mayor parte de la ira de Hakon se disolvió.

Todos podían llamarlo un salvaje, pero él sabía muy en el fondo que había sido bendecido por la Diosa al disfrutar tanto tiempo de sus hijas.

No se los pondría tan difícil.

Hasta un “incivilizado” como él entendía que ellas necesitaban una pareja.

Más de una vez las había visto suspirando por las esquinas.

—Mientras seas feliz…

—¡La haré muy feliz, Alfa Hakon!

De repente, Magnus aprovechó para dar el golpe final.

También se levantó y se hincó al lado de su hembra, como había hecho pocas veces en su vida.

—Hannah es… la bendición que he estado esperando —la miró apasionadamente a su lado.

Sus lobos enamorados se reflejaban en los ojos del otro.

Una unión de los cielos.

—Más te vale, y que sepas… que igual hoy vamos a luchar —Hakon se inclinó hacia delante a susurrarle entre dientes.

—Me importa una mierd4 que me hayan convertido en lycan; mi lobo Alfa es suficiente para pedirte cuentas si lastimas a mi hija.

—Entonces solo lucharemos por diversión, jamás por un agravio —La lengua sabia de Magnus estaba en racha.

Aplicaba todos los conocimientos de político charlatán que conocía.

Hakon no pudo machucarlo como deseaba; al menos Hannah lo había logrado.

—¡Ven a darme un abrazo, mi chiquita! —Anastasia la jaló a su pecho también prominente.

Ahí, entre pechuga y pechuga, lograron darse un fuerte abrazo familiar.

Magnus extendió la mano hacia su suegro y la dejó en el aire.

—Prepararemos una boda, también con mis padres …

—En mi pantano primero — Hakon le aclaró inflexible.

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