VALERIA
Les ordeno en su mente antes de que mis pies toquen la tierra y abran un cráter peligroso que se hunde varios centímetros.
El suelo se cuartea como si una telaraña negra se expandiera bajo mis botines.
—¡Aagggg! —rugieron al ser alcanzados por la magia selénica y el olor a pelaje quemado llena el ambiente, pero se quedan quietos en el lugar y comienzan a transformarse.
Mis garras se extienden y sujetan las orejas de cada uno, haciéndolos inclinarse.
—Ahora mismo me van a explicar, Magnus y Fenrir Thorne, ¿qué rayos están haciendo peleando en la casa de otro?
Mis palabras salen entre dientes, estoy enojada como hace mucho tiempo no lo estaba.
—¡Mamita, te lo podemos explicar, pero suéltanos, por favorcito…! —“¡nos estás haciendo pasar vergüenza delante de todos y además estamos desnudos!”
Fenrir agrega en mi mente.
—¡Pues pena debería darles montar esta escena tan salvaje y no les importó el público! ¡Ustedes solitos se quitaron la ropa!
No les tuve nada de compasión, ni siquiera por las súplicas silenciosas de Magnus.
Los llevé de las orejas hasta el frente del Alfa Hakon, que nos miraba perplejo.
No sé ni cómo podían caminar cuando me sacaban varias cabezas de altura, pero, si tenía que llevarlos a rastras, lo haría.
Además, estaban más preocupados en ponerse las manos en sus partes privadas.
¿Desde cuándo eran tan recatados?
Si tenía que pasarme todo el tiempo cargando con ropa extra porque se transformaban en cualquier sitio y luego se quedaban en pelotas con la cara bien dura.
—Discúlpense con el Alfa por este desaire… —los solté empujándolos hacia delante.
Las orejas más rojas que un tomate, bien pellizcadas y con varios parches de pelajes humeando y a medio transformar.
—Lamentamos habernos peleado en su manada, esto… fue solo un malentendido, suegro…
Escucho a Magnus disculparse porque siempre es el más sensato, pero, cuando llega a la parte de “suegro”, casi se me cae la mandíbula del asombro.
—Espera… ¿Cómo que suegro? —aparto a Fenrir y tomo a Magnus del brazo. Los dedos apenas me cierran en el abultado músculo.
—Reina Selenia, sus hijos son los mates de mis gemelas —me responde el Alfa Hakon con una mirada que se va tornando severa al mirarlos.
¿En qué drama se metieron ahora estos dos desastricos míos?
—¿Encontraron a sus compañeras? Pero ustedes vinieron a por los rebeldes…
Di un suspiro de alivio en mi interior al ver a salvo a mi pelirrojo.
Sus ojos grises enseguida se encontraron con los míos llenos de intensidad.
“Mi amor, estoy de vuelta y te extrañé demasiado. ¿Viniste a recibirme?” Su voz ronca en mi mente fue la caricia más íntima.
Sus pasos seguros se acercaban hacia mí, seguido por el Alfa Cedrick, que fue a reunirse con su hembra.
“Esa era la idea, pero tenemos un asunto que resolver, Aldric… tus hijos hicieron un desastre aquí y, además, encontraron a sus mates.”
Le dije con un suspiro preocupado, creyendo que estaría triste en el fondo, de quedarnos también sin Fenrir y Magnus.
Pero ni siquiera sé por qué me asombré con su respuesta y la gran sonrisa que se amplió en su cara.
—¡No me digas que al fin me puedo librar de esos dos empalagosos con mamitis aguda! ¡Dime quiénes fueron las desdichadas!
—¡ALDRIC! —lo regañé por sus palabras insensibles, ¡y dichas en alto!
—Son mis cachorras las desdichadas y ya estoy pensando en cómo devolverle a sus problemáticos hijos de regreso, Rey Lycan.
Las palabras de Hakon sonaron afiladas y comencé a temer que de verdad me quedaría con dos solterones en la casa… para siempre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...