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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 810

NARRADORA

Aidan hundió los dedos callosos en su cabello suave, tan negro contra la piel de porcelana.

Luchaba por no empujar hacia arriba y meterle el pene hasta lo profundo de la apretada garganta.

—Ah, joder, nena… qué bien has aprendido a mamármela… —jadeó, embistiendo un poco.

Nyx le pajeaba la base y tomaba el resto; era demasiado grande para ella, pero le encantaba volverlo loco y escucharlo gemir su nombre con tanta necesidad.

Los ojos lobunos de Aidan vieron sus piernas abiertas y el trasero empinado.

Completamente expuesta a ser tocada también. El destello azul brilló en sus ojos y la magia de su lobo pervertido se hizo presente.

Theo se convirtió a su semejanza y se inclinó detrás de la desprevenida Nyx.

—Aaggr… —su gemido vibró en la polla, sumergida más allá de la campanilla.

Su cuerpo entero se estremeció cuando sus nalgas fueron separadas y una larga lengua comenzó a recorrer su rajita, que goteaba como un grifo defectuoso.

Los fríos lengüetazos no hacían mucho por sofocar su calor y menos cuando pasaron de azotar su clítoris y fundirse en su coño, a lamer el anillo fruncido detrás del perineo.

Aidan vio todos los cambios en Nyx.

La propia boca de ella se movió con mayor rapidez; su respiración pesada chocaba contra su abdomen cada vez que le comía la polla con tanta pasión.

El aroma a apareamiento se hacía más fuerte en Nyx mientras Theo la lamía con las nalgas bien abiertas y el culo estimulado.

“Dilátala bien.” Los ojos de Aidan se encontraron con los de su parte animal.

Su otro lobo aullaba, retorciéndose en lujuria. Esperando su turno con impaciencia.

Todos ardían de pasión, pero las chupadas cada vez más deliciosas de esa boca codiciosa lo tenían con el semen en la punta.

—Ven, mi Selenia apasionada, voy a demostrarte lo mucho que me encanta que me montes.

Sus palabras salieron estranguladas mientras halaba a Nyx del cabello lleno de posesividad.

Con un “pop” bien pervertido vio salir su polla ensalivada y rojiza de esos labios carnosos.

Aidan la cargó como un salvaje desesperado sobre él, abriéndola sobre su pene y haciéndola sentarse para penetrar en esos resbalosos pliegues.

El grito excitado de Nyx estremeció las paredes heladas; la magia dorada danzaba en el aire y fulguraba en esos ojos hermosos.

Aidan la tomó por detrás de la nuca y la otra mano se aferró a la cadera femenina para controlarla.

—Menéate sobre tu macho… tienes cinco minutos para sacármela toda…

Su orden cayó de manera cruda, gruñendo al oído de ella como una bestia.

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