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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 139

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Cristina y Hugo caminaron juntos hacia el salón principal del restaurante.

—¡Mami, este lugar es muy bonito! Y la comida huele riquísimo. Tienes que probar esto. ¿Te doy un pedacito en la boca? Abre grande, mami, di 'ah'...—

La voz aguda y alegre de una niña resonaba con entusiasmo desde una de las mesas apartadas en la zona abierta.

Era la primera vez que Vania veía a su hija tan desenvuelta y feliz.

Recordaba que, al principio, la pobre niña parecía estar siempre sumergida en una nube gris, callada y apagada, casi como una viejita.

Por un tiempo, Vania llegó a asustarse pensando que su pequeña podría tener algún problema de desarrollo social o incluso autismo.

Afortunadamente, Luna era una niña sana, completamente normal y ahora, muy vivaz.

Se parecía exactamente a Vania cuando era pequeña.

Al escuchar la risa infantil, Hugo detuvo el paso por un segundo.

Eran Vania y Luna.

Cristina también las escuchó.

Xavier levantó su pequeño dedo regordete, señalando directamente hacia donde estaban Vania y la niña, y exclamó con voz fuerte y maleducada:

—¡Miren! Son el adefesio y la hija del adefesio.

Al oír cómo su hijo llamaba 'adefesio' a Vania, Cristina no pudo evitar que se le escapara una ligera sonrisa.

El año anterior, en la mansión principal, Xavier le había dibujado tortugas en la cara a Vania con tinta, y luego ella había tenido que arrastrarse por todo el jardín mientras él la montaba como si fuera un caballo.

Con toda esa tinta negra manchándole el rostro, se veía verdaderamente espantosa.

—Qué coincidencia encontrar a mi cuñada y a la pequeña Luna aquí. Parece que últimamente nos las topamos en todas partes —comentó Cristina, envenenando sus palabras con dulzura.

Al parecer, todo ese discurso de Vania diciendo que Hugo ya no le importaba no era más que puro teatro.

Se hacía la difícil, pero al final del día recurría a los mismos trucos bajos de siempre: seguirlos a escondidas y no dejarlos en paz.

Seguro que la vez que había venido a comer con esa tal Natalia, la abogada, también había sido un plan fríamente calculado.

¿Haberse encontrado con Julián Herrera en secreto no fue acaso para darle celos a Hugo?

Nunca había visto a una mujer jugar tan mal sus cartas para recuperar a un hombre.

Era una vergüenza total para el género femenino.

De pronto, Cristina se dio cuenta de que Hugo no le quitaba los ojos de encima a Vania y a la niña. Estaba completamente absorto.

Hacía muchísimo tiempo que él no les dedicaba ni siquiera dos segundos de su atención.

Pero ahora, se había quedado congelado mirándolas, e incluso había ignorado lo que ella acababa de decirle.

—¡Ay, muchísimas gracias! ¿Podrías poner 'Para Alice' antes de tu firma?

Cristina asintió, encarnando a la perfección su papel de figura pública amable y sofisticada.

—Claro que sí, con mucho gusto.

Después de firmar y despedirse, se dio cuenta de que Hugo y Xavier la estaban esperando. Se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y se acercó con una mirada de fingida disculpa.

—Perdónenme, ya saben cómo son los admiradores.

La mirada de Hugo pasó por encima de los hombros de Cristina, fijándose nuevamente en la mesa donde madre e hija seguían conversando.

Ambas continuaban riendo y comiendo felices, ajenas por completo al hecho de que él estaba allí.

Cristina tuvo la extraña sensación de que Hugo la miraba a ella, pero al mismo tiempo parecía que sus ojos estaban en otro lado.

Esa era la segunda vez en el día que parecía ausente. Llena de curiosidad, estuvo a punto de voltearse para ver qué era lo que le robaba la atención.

—Vámonos —dijo Hugo de repente.

Cristina observó cómo él volvía a tomar de la mano a Xavier, mostrando un cuidado que solo un verdadero padre tendría por su hijo.

Soltó un suave 'sí', olvidando por completo sus dudas sobre las distracciones de Hugo.

Al fin y al cabo, justo en ese momento, ¿no se veían acaso como una familia feliz?

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