Vania vio regresar a su hija, cenó con ella y jugaron un rato.
Hugo estuvo presente todo el tiempo, pero casi no habló.
En los momentos de silencio, de vez en cuando fijaba la mirada en madre e hija.
Parecía pensativo.
Vania, por su parte, mantenía cierta actitud a la defensiva.
En cinco años, Hugo apenas había convivido con ellas, y Luna no le tenía cariño.
Su presencia o ausencia no marcaba ninguna diferencia.
Sin llegar a estar ni diez minutos con ellas, Hugo subió las escaleras en completo silencio.
Solo Marta, la empleada, notaba que el señor de la casa volvía cada vez con más frecuencia y más temprano.
Antes, nunca llegaba antes de la madrugada.
Mucho menos iba a recoger a la niña al kínder.
A Vania no le importó en absoluto la actitud de Hugo.
Esperó a que Luna se durmiera, con la mente ocupada por la preocupación hacia Natalia.
Antes de que pudiera llamarla, le llegó una notificación bancaria a su celular.
Un depósito de medio millón de pesos.
Enseguida le llegó un mensaje de Yago Leal.
—Es el pago por tu trabajo, lo que te prometí. Mañana hay una importante conferencia de tecnología de la información. Me encantaría que asistieras. Quiero pedirte consejo sobre algunos temas técnicos.
Vania iba a rechazarlo, pero él ya le había pagado.
Yago sabía jugar sus cartas; con ese adelanto, la dejaba sin excusas.
Tras dudar un par de segundos, Vania le respondió con un simple «De acuerdo».
Cuando intentó llamar a Natalia de nuevo, el teléfono estaba apagado.
Era muy tarde, y con Hugo en casa, no podía salir.
Tendría que descansar y esperar al amanecer para ver qué le había pasado.
A altas horas de la noche.
Rodrigo había llamado por trigésima séptima vez, y el teléfono de Natalia seguía apagado.
Rodrigo ya estaba acostumbrado a ver a Natalia perdiendo el control.
En todos esos años, mientras más intentaba cuidarla, más rebelde se volvía.
Natalia no dijo nada. Se quedó recostada en el sofá, con un mechón de cabello cayéndole sobre la cara, mirando a Rodrigo a través de él con los ojos entreabiertos.
Sus ojos lo siguieron mientras él iba a preparar la bebida.
Cuando Rodrigo se dio la vuelta con la taza lista, sintió unos brazos suaves rodeándole la cintura.
—Tío... no, Rodrigo.
La voz de Natalia era un susurro, suave como el ronroneo de un gato.
Rodrigo se quedó completamente paralizado ante su abrazo.
La noche era asfixiante, y el olor a alcohol de Natalia se mezclaba con su tenue y dulce perfume natural.
Rodrigo, aturdido, dejó la taza y le acarició los brazos.
—Tomaste demasiado, vamos arriba para que descanses.
La consoló en voz baja, con la misma ternura de siempre, asumiendo su rol de figura protectora.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...