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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 162

Nuevo hogarInalcanzable: Mi esposa ya no me ama ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Natalia se negaba a soltarlo.

—No... Rodrigo, ya no soy una niña.

Justo después de decir eso, acercó sus labios a él.

Rodrigo ladeó la cabeza y ella terminó besándole la manzana de Adán.

El cuerpo de Rodrigo se tensó como una roca; se quedó atónito un largo rato antes de atreverse a mirar hacia abajo, a la mujer completamente ebria que tenía frente a él.

Era la primera vez que la miraba con tanta atención.

En efecto, Natalia había crecido; ya tenía más de veinte años, había dejado de ser su pequeña niña.

Rodrigo frunció el ceño y le dio unas palmaditas suaves en la mejilla.

—¿Terminaste con el nuevo novio que te conseguiste?

Su niña había crecido, no debía seguir atándola a su lado.

Debía soltarla y dejar que amara libremente; no podía seguir advirtiéndole a cada novio que tuviera que se alejara de ella.

Rodrigo no se imaginó que ir a buscarle problemas a ese muchacho haría sufrir tanto a su pequeña.

Casi se lastima hace un momento; los trozos de vidrio esparcidos por el suelo de la cocina eran aterradores.

Si se hubiera cortado de verdad, él jamás se lo habría perdonado.

La consciencia de Natalia pareció aclararse un poco.

Se le estaba ofreciendo en bandeja de plata, y Rodrigo asumía que ella tenía el corazón roto por otro.

Evidentemente, se estaba haciendo ilusiones sola.

Un suspiro irónico escapó de sus labios.

—Si de verdad lo quieres tanto, iré a pedirle disculpas.

Rodrigo sintió una punzada de molestia irracional en el pecho.

Después de todo, su niña era una mujer culta y una abogada muy racional.

Ese tipo de hombres simplemente no le convenían.

—¿Pedirle disculpas?

Natalia estaba cada vez más confundida.

Sentía que ambos estaban hablando de cosas completamente distintas.

—Sí. Aunque sigo pensando que no es para ti. Me haré cargo de sus gastos médicos, pero si insistes en seguir viéndolo, no podré detenerte.

El rostro de Rodrigo se volvió cada vez más frío.

Y Natalia cada vez más sobria.

—Rodrigo, ¿le diste una paliza a Sebastián?

Ni diez tazas de café negro tendrían el efecto de esas palabras.

¿Acaso no había funcionado la estrategia?

—Rodrigo, no le des importancia al beso de hace un momento.

Maldición.

Encima tenía que justificarse por su atrevimiento.

Rodrigo la miró de soslayo; detrás de sus lentes, la profundidad de sus ojos ocultaba cualquier emoción.

—Lo sé. No te preocupes.

Subió las escaleras sin detenerse, y el rostro de Natalia se ensombreció por completo.

El silencio invadió la sala de estar.

Natalia levantó la taza y se la bebió de un solo trago.

Fue la única vez que tuvo el valor de hacer algo así; por fin había logrado besarlo, y todo terminó en un estúpido malentendido.

Apretó la taza con ambas manos, con tanta fuerza que parecía a punto de romperla.

Tal vez... tendría que recurrir a medidas más extremas.

Igual que Vania, buscar algo con más impacto.

Y llevárselo a la cama sin rodeos.

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