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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 263

Iker lo miró extrañado.

—¿De qué estás hablando?

Adrián acababa de saludar a Vania, quien ya se había quitado el traje de esquí.

—Hola, cuñada. Viniste a esquiar. ¿No viste a Hugo? Acaba de ir hacia allá.

Vania les dirigió una mirada rápida a Adrián y a Iker; no vio a Mateo por ningún lado.

Les sonrió levemente a modo de respuesta.

A excepción de Hugo, sus amigos eran bastante amables con ella.

Aunque todos sabían de la relación entre Hugo y Cristina.

Iker miró a Adrián, confundido.

—Vania está aquí... Entonces, ¿qué le estabas diciendo a Hugo de que su esposa se estaba besando con otro?

Los dos hombres se acercaron y miraron a lo lejos. Allá ya se había armado un pleito.

Se escuchaban gritos por todas partes.

Al oír el escándalo, Vania no pudo evitar mirar.

Un hombre vestido de traje impecable tenía agarrado a otro en traje de esquí, dándole una paliza.

La mujer al lado del hombre golpeado no paraba de gritar.

Adrián apretó la mandíbula y dijo con fingida inocencia:

—Ah, me equivoqué. Pensé que era la cuñada.

Yago se acercó con Luna.

La niña iba sentada sobre los hombros de Yago, riendo a carcajadas.

—¿Nos quitamos esto y vamos al parque de diversiones? —sugirió él.

Vania era un desastre en la nieve.

Ser rescatada por Yago a cada rato no le daba ninguna sensación de logro.

Y Luna también estaba cansada.

Asintió.

Luna jaló la manga de Vania, levantó su carita y le susurró al oído:

—Mamá, vi a papá.

Vania no inmutó su expresión, solo murmuró un sonido de afirmación.

—Papá se estaba peleando con alguien.

Vania acarició la cabeza de Luna.

Ella también lo había visto.

Seguro ese hombre había chocado por accidente con Cristina en la pista.

Lo más probable era que Hugo estuviera defendiendo a su querida amante a golpes.

No quería que su pequeña viera a Hugo protegiendo a otra mujer y a otro niño.

Si a él no le importaba, ella como madre sí tenía que cuidar los sentimientos de Luna.

O, mejor dicho, a ella sí le quedaba algo de dignidad.

Yago ya se había puesto su ropa normal y regresó por ellas.

—Si ya no quieren esquiar, vamos a otro lado. Conozco un buen restaurante. Después del parque de diversiones podemos llevar a Lunita a probar la comida.

Vania asintió, y los tres se marcharon.

A lo lejos, Hugo le asestó dos puñetazos más al sujeto.

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