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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 299

Las palabras de Hugo golpearon el pecho de Vania como un martillo.

A Vania se le enrojecieron los ojos, puramente de rabia.

Luna era la propia hija de Hugo. ¿Acaso él no se daba cuenta de las barbaridades que estaba diciendo?

—¿Quién dijo que la bisnieta adoptiva de la familia Leal tiene que disculparse? Y no digamos que la niña no tuvo la culpa, pero si la tuviera, ese error me lo cobran a mí.

Con todo el ruido del pasillo, Don Leal y el resto de la familia habían salido.

Vania y Luna estaban siendo acosadas.

Justo ese día que oficialmente se convertían en su familia, no iban a permitir semejante abuso.

Los Figueroa reconocieron al abuelo Leal y a Yago.

Los padres de Yago tampoco eran personas comunes.

Renato era un influyente político y Perla una diplomática retirada.

Aunque rara vez aparecían en eventos públicos, cualquiera con dos dedos de frente en la capital sabía que nadie se metía con la familia Leal.

Pero Elena era una ignorante total.

Estalló de ira.

—Estoy educando a mi hija, ¿qué le importa a usted?

Cristina no podía creer que la poderosa familia Leal estuviera dando la cara por Vania.

Seguro Vania usó alguna de sus artimañas para engañar al anciano.

Un hombre de la talla de Yago jamás se fijaría en una mujer casada y con una carga extra, a menos que hubiera sido manipulado.

Vania tenía una reputación asquerosa. ¿Qué hombre en toda la capital no huía de ella como de la peste?

El abuelo Leal golpeó su bastón contra el piso con fuerza.

—¡Hmph! A partir de hoy, Vania es la nieta adoptiva de la familia Leal. Quien la insulte a ella, me está insultando a mí.

La mirada imperturbable de Hugo se clavó en Vania y su voz sonó helada:

—¿Nieta adoptiva?

Yago se paró firmemente detrás de Vania y Luna, e incluso tomó a la niña en brazos.

Xavier se escondió detrás de Hugo.

Ambos hombres parecían dos padres defendiendo a sus respectivos hijos.

Pero cualquiera que conociera la verdad vería la cruel ironía del cuadro.

Un hombre protegía a muerte a un niño que no era suyo, mientras atacaba sin piedad a su propia hija de sangre.

Ya de por sí, el abuelo detestaba a los Yáñez porque el abuelo de Hugo le había robado al amor de su vida en su juventud.

Y ahora que Hugo humillaba a la mujer que su nieto quería, a la joven y niña que él acababa de adoptar... Se le acabó la paciencia.

Hugo no quiso discutir con el viejo. En su lugar, le lanzó una mirada indiferente a Vania.

—Todo depende de la persona que los eduque.

Hugo seguía insinuando que Vania era una mala influencia para su hija.

Cristina, observando desde un lado, se sintió inmensamente aliviada.

Parecía que sus preocupaciones no tenían fundamento.

Hugo solo había aceptado casarse con Vania por el bien de Xavier.

No tenía por qué imaginarse que él sentía algo por esa mujer.

Una cualquiera como Vania solo podía engañar a idiotas como Yago.

Tarde o temprano, ella misma se encargaría de mostrarle a Yago la verdadera cara de esa mujer.

Cristina se acercó, puso una mano en el brazo de Hugo y le dijo con voz melosa:

—Hugo, olvídalo. Al fin y al cabo, Vania es mi hermana. Dejemos que esto termine aquí. Xavier solo tiene un par de ampollas, no es para tanto.

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