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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 312

El anciano confiaba en que Hugo era un hombre astuto; llegar al punto de hablarle con tanta crudeza ya demostraba la gravedad del asunto.

La expresión de Hugo se mantuvo impasible. Durante todo el intercambio, no le dirigió ni una sola mirada a Vania.

Toda la familia Leal estaba de pie junto a ella, escudándola con una evidente actitud protectora.

Hugo guardó silencio por unos segundos antes de responder.

—Entendido.

Luego dio media vuelta y subió a su auto sin mirar atrás.

No hubo ademanes innecesarios, ni la más mínima muestra de añoranza y, mucho menos...

Celos.

Don Zacarías dejó escapar un suspiro y negó con la cabeza.

Al parecer, Hugo realmente no sentía nada por Vania.

De lo contrario, ver cómo Yago la había paseado por todo el evento habría enfurecido a cualquier esposo normal, armando un escándalo ahí mismo.

Por mucha clase o educación que tuviera un hombre, nadie reacciona con semejante indiferencia al ver a la mujer que ama rodeada de atenciones de otro.

Los padres de Yago, personas con vasta experiencia en la vida, sintieron lástima por Vania, pero temiendo entristecerla, se apresuraron a consolarla.

—Vani, a partir de hoy nos tienes a nosotros. Ante cualquier injusticia, la familia Leal te respaldará incondicionalmente.

El mensaje era claro: si Hugo volvía a maltratarla, ellos serían su familia y su mayor escudo.

Vania lo entendía perfectamente. Sin embargo, la actitud de Hugo ya no lograba afectarla en lo más mínimo.

Lo que sí la hizo sentir un poco culpable fue la genuina preocupación de los tres mayores y de Yago.

—Papá Renato, mamá Perla, abuelo... lo sé. No se preocupen por mí. Además, tengo a mi hermano mayor para cuidarme la espalda, ¿verdad?

Su postura era impecable y elegante, irradiando una distinción única.

En su rostro no asomaba ningún atisbo de tristeza; por el contrario, lucía fresca, tranquila y optimista.

Solo entonces, el matrimonio Leal suspiró aliviado y se volvieron hacia Yago para advertirle.

—Asegúrate de cuidar mucho a Vani en la oficina. Ahora es el tesoro de los Leal. Si alguien se atreve a tocarle un solo cabello a ella o a Lunita, toda nuestra familia se encargará de hacérselo pagar.

Yago dio un paso al frente, adoptando una postura protectora al lado de Vania, y respondió con una sonrisa resignada.

—¿Quién se atrevería a molestarla? Ahora mismo, todo el Grupo Nexo depende de sus proyectos. Es la persona más talentosa de la empresa, ni siquiera yo le llego a los talones.

Vania sabía que Yago solo estaba dándoles garantías a sus padres y a su abuelo, pero aun así, su corazón se llenó de gratitud.

—Hugo...

Maldito viejo de la familia Leal, que la había obligado a regresar en taxi junto a Xavi.

Hacía años que su ropa de diseñador no rozaba los asientos de un vehículo tan ordinario.

—¿Dónde estás?

Don Zacarías lo había retenido más de media hora dándole lecciones de moral.

Cristina miró de reojo a Xavi, que estaba a su lado, rojo de ira.

El niño no había dejado de quejarse de que el auto era pequeño y estaba sucio, haciendo un gran berrinche.

—Casi llegamos a casa. ¿Qué pasará con mi papá?

Esa era la mayor preocupación de Cristina.

Si Santiago regresaba a la cárcel, tanto ella como Xavi cargarían con una mancha imborrable de por vida.

El rostro de Hugo se ensombreció por completo.

—No es un problema grave. Solicité que cumpla su condena bajo arresto domiciliario. No quedará en su registro público y no afectará tu imagen, ni la de tu madre, ni a la familia. Pero esto es información estrictamente confidencial. Tu padre llevará un grillete electrónico con GPS en el tobillo; si sale de casa, la alarma sonará de inmediato. Nadie puede enterarse de esto.

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