—Olvídalo, ya no tengo autoridad para meterme en tu vida. Vete.
Doña Dolores no quería ni verlo.
Hugo se puso de pie y, en voz baja, comentó:
—Vania está afuera, le diré que pase.
La anciana abrió los ojos de golpe y dejó escapar un profundo suspiro.
Instantes después, Vania entró a la habitación. Hugo pasó a su lado rozándole el hombro, y se marchó sin dedicarle una sola mirada.
Al confirmar que efectivamente era ella, el rostro de Doña Dolores reflejó una mezcla de alivio y profunda culpa.
—Mi niña, ¿qué haces aquí? ¿Ya te enteraste?
Vania ayudó a la anciana a incorporarse en la cama y asintió suavemente, enfocándose únicamente en su bienestar.
—El doctor dijo que fue un ataque de coraje muy fuerte lo que provocó el desmayo. Tiene que cuidarse, abuela, alterarse así no le hace ningún bien.
Al escuchar su tono tan comprensivo, Doña Dolores le tomó las manos. Sus ojos se llenaron de impotencia y cariño.
—Mi niña... esta vieja no supo protegerte. Al contrario... ay, qué vergüenza me da darte la cara.
Vania le devolvió el apretón con ternura. Su expresión era serena, sin el menor rastro de reproche.
—No es su culpa, abuela. Lo entiendo perfectamente.
Doña Dolores se quedó sin palabras ante tanta bondad.
Tras un largo silencio, habló con firmeza.
—Descuida. El daño que causé, yo misma lo repararé. Nadie tiene derecho a pisotear a mi nieta.
Ahí mismo, frente a Vania, la anciana hizo una llamada. Aunque no se escuchó quién estaba del otro lado de la línea, las indicaciones fueron claras y acatadas de inmediato: Santiago Figueroa volvería a su celda para cumplir su condena, como debía ser.
En el fondo, Vania ya había aceptado la amarga realidad de la situación.
Lo que nunca imaginó fue que este conflicto arrastraría a Doña Dolores, llevándola hasta la cama de un hospital.
Después de solucionar el asunto, la anciana miró a Vania con evidente temor.
—No irás a pedirle el divorcio a Hugo por esto, ¿verdad? Sé perfectamente que él tuvo toda la culpa. Lo conozco desde que nació... pero, por el amor que le tienes a Lunita, te ruego que le des una última oportunidad.
—¿Qué pasó realmente hoy? —indagó Yago.
En realidad, después de dejarlas en la Residencia Real, él no se había ido lejos.
Al ver a Cristina en el auto de Hugo, dedujo que ambos estarían en la cena. Temiendo que Vania fuera objeto de humillaciones, decidió dar la vuelta, justo a tiempo para presenciar el traslado de la abuela al hospital.
—La abuela se desmayó del disgusto... al enterarse de lo de Santiago Figueroa.
Solo entonces Yago comprendió que Santiago había logrado salir. Alguien había manipulado a Doña Dolores para que autorizara su prisión domiciliaria sin que ella supiera la gravedad de los crímenes.
—La anciana te adora, estoy seguro de que no lo hizo con mala intención.
Yago solo quería consolarla, pero también sabía que una mujer con el carácter y el sentido de justicia de Doña Dolores jamás encubriría algo semejante a sabiendas.
Vania no guardaba ningún rencor. Sabía que la abuela había enmendado su error de inmediato; quien la quería, siempre la defendería.
Nunca culparía a la anciana.
—Lo sé. Por suerte, Santiago ya está de regreso en prisión.
Y esta vez, cualquier esperanza que tuviera de volver a salir, se había esfumado por completo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...