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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 320

—Olvídalo, ya no tengo autoridad para meterme en tu vida. Vete.

Doña Dolores no quería ni verlo.

Hugo se puso de pie y, en voz baja, comentó:

—Vania está afuera, le diré que pase.

La anciana abrió los ojos de golpe y dejó escapar un profundo suspiro.

Instantes después, Vania entró a la habitación. Hugo pasó a su lado rozándole el hombro, y se marchó sin dedicarle una sola mirada.

Al confirmar que efectivamente era ella, el rostro de Doña Dolores reflejó una mezcla de alivio y profunda culpa.

—Mi niña, ¿qué haces aquí? ¿Ya te enteraste?

Vania ayudó a la anciana a incorporarse en la cama y asintió suavemente, enfocándose únicamente en su bienestar.

—El doctor dijo que fue un ataque de coraje muy fuerte lo que provocó el desmayo. Tiene que cuidarse, abuela, alterarse así no le hace ningún bien.

Al escuchar su tono tan comprensivo, Doña Dolores le tomó las manos. Sus ojos se llenaron de impotencia y cariño.

—Mi niña... esta vieja no supo protegerte. Al contrario... ay, qué vergüenza me da darte la cara.

Vania le devolvió el apretón con ternura. Su expresión era serena, sin el menor rastro de reproche.

—No es su culpa, abuela. Lo entiendo perfectamente.

Doña Dolores se quedó sin palabras ante tanta bondad.

Tras un largo silencio, habló con firmeza.

—Descuida. El daño que causé, yo misma lo repararé. Nadie tiene derecho a pisotear a mi nieta.

Ahí mismo, frente a Vania, la anciana hizo una llamada. Aunque no se escuchó quién estaba del otro lado de la línea, las indicaciones fueron claras y acatadas de inmediato: Santiago Figueroa volvería a su celda para cumplir su condena, como debía ser.

En el fondo, Vania ya había aceptado la amarga realidad de la situación.

Lo que nunca imaginó fue que este conflicto arrastraría a Doña Dolores, llevándola hasta la cama de un hospital.

Después de solucionar el asunto, la anciana miró a Vania con evidente temor.

—No irás a pedirle el divorcio a Hugo por esto, ¿verdad? Sé perfectamente que él tuvo toda la culpa. Lo conozco desde que nació... pero, por el amor que le tienes a Lunita, te ruego que le des una última oportunidad.

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