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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 378

Aun así, Yago no era un tipo que perdiera la clase. Esbozó una sonrisa cortés:

—Como podrás notar, Ricardo, soy solo el presidente de la compañía. En temas puramente técnicos soy bastante inútil. Todo el mérito creativo del Proyecto Ánima es obra de la directora Zapata...

Los magnates de la industria que seguían rondando por la exposición, al percatarse de que el pez gordo había regresado, comenzaron a acercarse como abejas al panal.

Evidentemente, nadie sabía que Ricardo casi cuelga los tenis hacía un par de horas. Verlo charlando tan animadamente con el líder del Grupo Nexo, cuando supuestamente iba a firmar con la competencia, los dejó con el ojo cuadrado.

Movidos por el morbo, se amontonaron para tratar de escuchar a los dos titanes negociando.

Cristina y Hugo también se encontraban en el lugar.

Ella había vuelto al salón principal con la única intención de burlarse de cualquier ridículo intento que Vania estuviera haciendo para figurar.

¡Pero jamás imaginó que Yago fuera tan rastrero como para aprovechar su ausencia y ponerse a coquetear con Ricardo!

¡Si se suponía que ella lo había dejado encamado en el hospital!

—¿Qué significa esto? —siseó Cristina, descolocada.

No entendía qué brujería era esa. Se quedaron en la periferia de la multitud; no iban a rebajarse a acercarse donde estaba Yago.

—Ricardo sufrió un colapso. Yago le metió el puño en la boca para evitar que se tragara la lengua y muriera asfixiado. Básicamente le salvó la vida —explicó Hugo, con tono indiferente.

El rostro de Hugo era indescifrable mientras analizaba la escena, pero en realidad, la que acaparaba el cien por ciento de su atención era Vania.

Al ver cómo ese proyecto de ella había magnetizado a toda la sala, Hugo comenzó a cuestionar las teorías de Adrián.

¿Realmente Vania había montado semejante imperio solo para robarle una mirada?

El problema era que el espectáculo que estaba dando no solo había captado su atención, sino la de toda la élite política y empresarial de Nueva Alborada. Y eso lo irritaba profundamente.

En ese instante, Adrián se unió a ellos, topándose con la imagen de Yago y Ricardo en amena plática, mientras Cristina y Hugo estaban relegados en un rincón.

—¿Qué pasó aquí? ¿El Grupo Nexo ya le está robando al socio en su cara a Corporativo Alba? Hugo, ¿no vas a hacer nada?

Hugo soltó un suspiro frío:

—Mientras no haya un papel firmado, la decisión de Ricardo Zarate escapa a mi control.

Cristina fulminó a Adrián con una mirada que intentaba proyectar una seguridad apabullante.

—No te estreses, Adrián. Ricardo jamás firmará con ellos. Yago es muy astuto; como sabe que en tecnología están años luz detrás de nosotros, recurrió a tácticas baratas. Hay que reconocerle la suerte, le cayó del cielo eso de jugarle al salvavidas.

Cristina ni sudaba; en su cabeza, la lealtad de Ricardo era intocable.

Adrián se quedó parpadeando, sin procesar la información.

—¿Cuál salvavidas?

Sintió que se había perdido la mitad del chisme.

Mientras tanto, Ricardo seguía engatusando a Yago, aguardando el momento en que Vania se desocupara para lanzarse al ataque.

Cuando Cristina vio que Ricardo se le acercaba a Vania por iniciativa propia, se puso verde del coraje.

Vania conocía el currículum de Ricardo Zarate a la perfección. Cada vez que él intentaba escarbar en los detalles técnicos de su modelo, Vania evadía las preguntas con una agilidad impresionante, dejando bajo llave cualquier información confidencial del sistema.

Al inicio, como Vania había sido la primera en socorrerlo, Ricardo consideró la posibilidad de darles la exclusiva del proyecto como forma de agradecimiento.

Pero verla esquivarlo con tanta arrogancia le propinó otra puñalada trapera a su ego monumental.

¡Por favor! A nivel mundial, una tipa con la trayectoria de Vania no era nadie para negarle una plática.

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