La llamada se cortó abruptamente. Cristina se quedó con el teléfono pegado a la oreja, en estado catatónico.
Significa que todo el despliegue publicitario que ella y Hugo habían orquestado con tanta soberbia, invitando a la estrella internacional... se había desplomado dejándolos en ridículo.
¿Cómo demonios le darían la cara a la prensa ahora? ¿Qué iba a ser de ella?
Hugo ni siquiera esperó a que ella soltara alguna de sus excusas baratas. Se dio media vuelta, abrió la puerta de la oficina y salió sin decir una sola palabra.
Mientras tanto, para Vania y Yago, el volumen de trabajo tras la exposición se había multiplicado exponencialmente.
Las líneas del departamento de inversiones de Grupo Nexo no paraban de sonar, colapsadas por la demanda.
Había filas de corporaciones que les rogaban una alianza y empresarios forrados en billetes suplicando invertir. Pero, tras hablarlo entre ellos, mandaron a volar a casi todos.
Vania quería mantener el control absoluto del Proyecto Ánima. No iba a regalarle los derechos a nadie.
Yago llegó un día con el mejor de los chismes:
—Me informan que el teatrito entre Corporativo Alba y Ricardo Zarate se cayó.
Vania soltó una sonrisa apenas perceptible, sin agregar ningún comentario ácido.
Ricardo Zarate no era ningún ingenuo. Ese boceto del robot limpiador había sido solo una idea a medias, un arranque de inspiración que Vania jamás pulió del todo.
Y antes de que siquiera pudiera considerarlo viable, se lo habían robado descaradamente.
Le ardía la sangre por el plagio, por supuesto, pero al no tener los papeles que lo probaran, demandarlos era un sueño guajiro.
Su único consuelo era saber de primera mano que esa idea era un fracaso garantizado comercialmente. Y Ricardo, como el viejo lobo de mar que era, lo había detectado de inmediato.
No como el tonto de Adrián Mendoza, que al escuchar un par de términos sofisticados juraba que ya era el rey de Silicon Valley.
La agudeza de Ricardo Zarate para detectar un fraude estaba en otra liga.
—Fue rápido en deshacerse de la basura —comentó Vania con aprobación.
Eso era lo que más respetaba de Ricardo: su brutal claridad mental. En menos de 24 horas en el país, ya había desenmascarado la farsa.
Aunque no se equivocaba en algo: hasta los genios mundiales se volvían imbéciles cuando había faldas de por medio. Cristina le había endulzado el oído para traerlo como perrito faldero a firmar con Corporativo Alba.
—Dile a los de contabilidad que le transfieran los dos millones por la rescisión de contrato a Corporativo Alba —pidió Vania de repente.
Yago arqueó una ceja, incrédulo:
—¿Nada más dos millones?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...