La furia de Vania se desvaneció casi por completo. Escuchó en silencio las advertencias de Hugo, sin querer seguir dándole vueltas a lo que había pasado en la cena.
—Lo entiendo. No volverá a pasar.
Un padre preocupándose por su hija... Hugo, después de todo, no era tan frío como aparentaba.
Casi estaba dispuesta a perdonarlo.
Hugo guardó silencio por unos segundos, y de repente ordenó:
—Quítate la ropa.
—¿Qué dijiste?
Vania aún no se recuperaba de su faceta paternal cuando, en un abrir y cerrar de ojos, Hugo la arrojó sobre la cama.
Su mano se deslizó por su cintura. Vania no sabía si Hugo tenía una maestría en desvestir mujeres.
Lo hizo con una destreza y rapidez tales que no le dio tiempo ni de reaccionar.
Vania cayó desorientada sobre las sábanas, y cuando se dio cuenta, Hugo ya le había bajado la falda. Totalmente sonrojada, se cubrió instintivamente, mientras su rostro ardía de vergüenza y rabia.
—¡Hugo! ¿Qué demonios haces?
¿Acaso planeaba abusar de ella?
Hugo la miró desde arriba. Durante los últimos cinco años, ¿acaso no había sido ella quien siempre buscaba la manera de usar lencería provocativa para meterse en su cama?
Si no fuera por la trampa que Vania le había tendido cinco años atrás para obligarlo a acostarse con ella...
En aquella ocasión, al ver la mancha en las sábanas, las marcas rojas en su piel y el temblor de sus piernas que apenas le permitían sostenerse en pie, casi había llegado a dudar de cuántos hombres habrían pasado por su vida para que conociera tantos trucos.
Si no fuera porque se volvió adicto a su cuerpo en la intimidad, y por el hecho de que ella lo había manipulado de esa forma, hace mucho que la habría enviado a la cárcel.
—¿Por qué no me dijiste que tenías una herida tan grave aquí?
Empezó a examinar la herida con cuidado. Él mismo le había aplicado la medicina cuando ella estaba ebria.
Gracias a los ungüentos, no se veía tan mal como el primer día, pero la piel seguía enrojecida e inflamada.
Vania se moría de la vergüenza, deseando que la tierra se la tragara.
—No... me... toques.
Por Dios, sentía que estaba a punto de desmayarse.
¿Qué mujer sería capaz de resistir semejante tortura sensorial?
Con el rostro encendido como una brasa, intentó patearlo, pero él le sujetó el tobillo en el aire.
Esta vez él estaba preparado y no le dio oportunidad de atacarlo.
En su vehículo, la última patada de Vania casi lo deja sin descendencia; en la casa de la abuela, le había dislocado la muñeca, y aún estaba esperando a que llegara Mateo Quintanilla para acomodarle el hueso.
¿Acaso ahora planeaba asesinarlo?
Hugo le levantó la pierna, en un ángulo que le ofrecía una vista tan provocativa que hizo que la sangre le hirviera en las venas.
Tras deleitarse con la vista de su botín exclusivo, Hugo reprimió a duras penas el deseo que amenazaba con desbordarse, y se inclinó hacia ella con una sonrisa perversa.
—Señora Yáñez, ¿acaso planea asesinar a su esposo, eh?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...