Volvió a recostarse en el sofá y se llevó un cigarrillo a los labios.
En un instante, el humo lo envolvió, dándole un aire enigmático e inalcanzable.
—¿La próxima vez?
—soltó una risa fría.
Nadie jamás volvería a tener la oportunidad de hacerle algo así.
Como Mateo no había obtenido la respuesta que quería, se quedó plantado en la sala, rehusándose a marcharse.
—Fue Vania.
Mateo sintió que se le encogía el cerebro; sus ojos reflejaron pura incredulidad.
Hugo repitió la frase con total fastidio.
—Vania me dislocó la muñeca. ¿Estás contento? Ahora lárgate.
Al día siguiente, Hugo apareció en el salón privado del club exclusivo donde se reunía su círculo de amigos.
Llevaba la muñeca vendada por precaución, bajo estricta orden de Mateo.
Solo esa imagen bastó para que todos los presentes estallaran en carcajadas, casi escupiendo sus tragos.
—¡Quién diría que al intocable señor Yáñez le llegaría su día!
Además de Mateo, estaban Adrián Mendoza, el heredero del Consorcio Mendoza; Iker Uribe, que acababa de regresar de tomar el sol en Cuba; y un invitado inesperado: Rodrigo Quintana.
Ese salón albergaba a los magnates más poderosos del imperio comercial, líderes indiscutibles en sus respectivos territorios. Verlos a todos reunidos era un acontecimiento excepcional.
—Las yeguas salvajes no son fáciles de domar. Siempre hay que pagar un precio, ¿no crees?
—se burló Rodrigo Quintana, trazando suavemente el borde de su copa.
Nunca había tenido una buena opinión de la esposa de Hugo.
La mirada de Hugo se ensombreció, pero se dirigió directamente hacia Mateo.
—¿Desde cuándo dejaste la medicina para dedicarte al chisme, Mateo?
Era obvio que Mateo le había contado a todos el origen de su lesión para reírse a sus expensas.
Miguel, que había ido a dejar a Hugo y esperaba en la entrada, recibió una llamada de Vania en su celular.
—Señora...
Esos mismos magnates que hacían temblar a la competencia y que eran capaces de destruir imperios comerciales sin parpadear, se convertían en corderitos sumisos ante la mujer que amaban.
De hecho, Hugo era el único del grupo que despreciaba a su mujer.
Las parejas de Iker y los demás, al enterarse de cómo Vania había conquistado a Hugo, la idolatraban como a una diosa de la audacia.
Miguel miró de reojo a Hugo, quien con el rostro imperturbable había comenzado a repartir las cartas.
—No hay problema, señora. ¿Tiene algún asunto importante que atender? ¿Necesita que me encargue de algo por usted?
Era un milagro. En cinco años, era la primera vez que Vania llamaba sin la intención de rastrear a Hugo.
Conociendo la actitud reciente del jefe, sabía que su cabeza rodaría si no averiguaba hacia dónde se dirigía la señora.
Si no lo hacía, al día siguiente tendría que pasar por finanzas por su liquidación.
—No te preocupes. Voy a visitar la casa de la familia Zapata. Quiero ver a mi tío y a mi abuela.
El ceño fruncido de Hugo se relajó de forma casi imperceptible, y lanzó una mirada fulminante a sus amigos, que escuchaban con las orejas paradas.
—¿Les divierte mucho meterse en la vida privada ajena?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...