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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1001

Barclay y Donia Salas miraron hacia la puerta de la sala de reuniones. Al ver que seguía sin haber movimiento afuera, intercambiaron una mirada confundida.

Donia repasó a Roxana Soler de pies a cabeza. Aunque no quería admitirlo, la joven frente a ella era innegablemente hermosa.

Su piel radiante y su figura envidiable la llenaban de profundos celos.

Pero, aun así, estaba segura de que no era el tipo de mujer que le gustaría al Príncipe Zachary.

Después de todo, sus estilos eran mundos opuestos.

Era imposible que al príncipe le gustaran dos tipos de mujeres tan diferentes al mismo tiempo.

—Seguro te mueres por conocer al Príncipe Zachary, ¿verdad? Por eso estás inventando todo este circo. ¿Tienes idea de quién es él? Aunque de verdad fueras la presidenta de M&R Global, jamás se rebajaría a venir por ti. Además, si viniera, sería solo para apoyarme a mí. ¡Mejor ríndete de una vez!

Roxana vio que la mujer estaba con el agua al cuello y seguía diciendo tonterías.

—Te haces demasiadas ilusiones. No tengo el más mínimo interés en conocerlo.

¿Quién en su sano juicio querría acercarse a una máquina de fabricar problemas?

Sebastián Salas soltó una carcajada burlona.

—¡Roxana, deja de fingir! En toda Veridia no hay una sola persona que no quiera conocer al Príncipe Zachary. Dices que no quieres, pero la verdad es que no tienes los contactos para llegar tan alto. Hoy te daré una oportunidad: si me cedes tu puesto en la empresa, haré que mi sobrina te lo presente.

—No es necesario —respondió Roxana, devolviéndole una sonrisa cargada de sarcasmo ante su arrogancia—. Solo espero que mantengas esa misma calma dentro de unos minutos.

Tanto Sebastián como Donia la ignoraron. Para ellos, era solo una muchachita sin poder ni influencia. Jamás podría ser rival para ellos.

Estaban tan engreídos que no notaron cómo el rostro de Barclay había palidecido al escuchar el nombre de Roxana.

—Usted... ¿Usted se llama Roxana?

Había escuchado al príncipe mencionar ese nombre alguna vez, aunque él solía llamarla de otra forma.

La llamaba Teodora.

Roxana no le prestó atención, sino que se dirigió a las personas que estaban afuera con un tono impaciente.

—Si no entran ahora mismo, olvídense de volver a pisar M&R Global en su vida.

—Pfft.

Desde el pasillo se escuchó una risa suave y cautivadora.

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