Al ver a Zachary, los ojos de Donia se iluminaron. De inmediato se acercó a él con actitud coqueta.
—Su Alteza, ¿por qué tardó tanto? No tiene idea de lo mal que me trató esta mujer.
Sin embargo, antes de poder acercarse al príncipe, los guardaespaldas se interpusieron en su camino.
Su rostro palideció, confundida.
—¿Su Alteza? ¿Acaso no me recuerda?
«¿Cómo era posible? ¡Si aquella noche en el Hotel Corona la pasamos increíble!», pensó.
Zachary la ignoró por completo; su mirada seguía clavada exclusivamente en Roxana.
Como si, mientras ella no hablara, él pudiera quedarse contemplándola eternamente.
Roxana habló con tono frío:
—Resuelve de una vez el desastre que provocaste.
—¡Insolente! ¡Cómo te atreves a hablarle así a Su Alteza! —estalló Sebastián, enfurecido al ver la falta de respeto de Roxana hacia el príncipe.
Zachary desvió la mirada hacia él. Sus ojos verdes claro destilaron una arrogancia natural.
—¿Acaso te di permiso para hablar?
Sebastián bajó la cabeza rápidamente, asustado.
—N-no, Su Alteza. Es solo que no soporto verla dándole órdenes. No sabe lo despreciable que es esta supuesta fundadora de M&R Global. Construyó su empresa gracias a los subsidios y beneficios de nuestro país, ¡y ahora dice que todo el mérito es suyo! Además, nos quiere despedir solo porque llegamos tarde a una reunión. ¿No es eso una burla para nosotros los ciudadanos de Veridia?
Zachary lo observó. Tenía el cabello oscuro y los rasgos típicos de alguien extranjero. Sonrió con sarcasmo.
—¿Ciudadanos de Veridia?
Sebastián creyó que el príncipe lo estaba defendiendo y se apresuró a confirmar con una sonrisa.
—¡Sí! Donia y yo conseguimos nuestra ciudadanía hace un año. Somos ciudadanos legales de Veridia.
—Entonces que se la revoquen, y que no vuelvan a aplicar nunca más.
La respuesta de Zachary fue tan fulminante que Sebastián y Donia se quedaron petrificados.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA