El rostro de Barclay perdió todo su color. Cayó de rodillas por completo, suplicando:
—Su Alteza, sé que me equivoqué. ¡Le ruego que me perdone la vida y me dé una última oportunidad!
Zachary no respondió. Solo miró de reojo a Rolf.
Rolf sacó una carpeta de documentos, se acarició la barba y habló con voz firme:
—Barclay, durante todos estos años has utilizado el nombre del Príncipe Zachary para engañar a varias mujeres jóvenes. Te aprovechaste de su admiración por Su Alteza para llevarlas a hoteles y mantener relaciones inapropiadas con ellas, manchando la reputación del príncipe y el buen nombre de la familia real. Por lo tanto, a partir de este momento quedas destituido como miembro de la guardia real. Además, el equipo de abogados del príncipe presentará cargos formales en tu contra.
—¡Piedad, Su Alteza!
Barclay sabía perfectamente que el príncipe había descubierto todos sus crímenes. Si era condenado, pasaría el resto de su vida pudriéndose en la cárcel. Lloraba y rogaba sin parar.
Pero Zachary se mantuvo inmutable y le hizo una seña a Rolf para que se lo llevaran.
Al ver cómo arrastraban a Barclay fuera de la habitación, Sebastián y Donia sintieron que se les helaba la sangre.
Habían creído que el Príncipe Zachary venía a respaldarlos, y resultó que solo estaba ahí por Roxana.
Al darse cuenta de que rogarle al príncipe no serviría de nada, se arrastraron hacia Roxana.
—Presidenta Soler, admitimos nuestro error. No vinimos a causar problemas, solo queríamos que la empresa considerara todo nuestro esfuerzo y nos diera una compensación justa. Lo que usted decida estará bien, no tendremos ninguna queja.
Sebastián dejó de lado toda su arrogancia. Sus palabras sonaban suplicantes y desesperadas.
Ya no quedaba rastro del orgullo que había mostrado antes.
Pero Roxana no sintió ni una gota de lástima por ellos, ni mucho menos cedió ante sus súplicas.
—Las cámaras de seguridad de la empresa grabaron todo lo que ocurrió hoy. Su despido fue una decisión basada en una investigación exhaustiva. Y tras lo sucedido hoy, M&R Global los demandará por difamación y por dañar el prestigio comercial de la empresa.
—¡No! ¡Presidenta Soler! Le ruego que nos perdone. Le juro que no volveremos a aparecer en su vida. Por favor, no nos demande, estoy dispuesto a pagar de mi bolsillo cualquier pérdida que hayamos causado.
Si no los demandaban, aún podrían tener una vida decente tras ser expulsados de Veridia.
Pero si los demandaban y les quedaban antecedentes penales, décadas de esfuerzo se irían a la basura.

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