Los ejecutivos sintieron un escalofrío en la espalda y ni siquiera se atrevieron a respirar.
Una vez que Valeriano salió, todos rodearon de inmediato a Leandro.
—Leandro, ¿qué le pasó al presidente Sandoval? ¿Qué parte de nuestro plan no le gustó?
—¡Sí, Leandro! Trabajamos día y noche en esta propuesta. Toda la investigación fue exhaustiva, y un día no nos alcanzará para rehacer todo desde cero.
—El jefe no nos dijo qué estaba mal. Si no tenemos una dirección clara y cambiamos lo incorrecto, será una pérdida de tiempo y se enojará aún más.
—Leandro, por favor, ¿puedes darnos una pista?
Leandro había notado que la pantalla del celular de su jefe estaba abierta en un chat con la señorita Roxana, por lo que estaba seguro de que ella era el motivo de su repentino cambio de humor.
Pero no podía decirles la verdad, así que respondió de forma diplomática:
—Si el presidente Sandoval no especificó qué deben cambiar, significa que espera que ustedes mismos descubran el error. Tengo cosas que hacer, me retiro.
Tras escuchar la inútil respuesta de Leandro, los ejecutivos quedaron aún más perdidos y angustiados que antes.
—Leandro, ven aquí.
Apenas se había sentado en su escritorio cuando escuchó a Valeriano llamarlo desde la oficina. Se levantó como un resorte y entró rápidamente.
—Presidente Sandoval, ¿qué necesita?
Al levantar la vista, notó que Valeriano se había cambiado de ropa.
Llevaba puesto un traje de una colección limitada lanzada recientemente.
Era un modelo tan exclusivo que superaba incluso a los trajes hechos a medida. Solo existían diez en todo el mundo.
Con ese atuendo, el aura de Valeriano se transformó por completo, exudando una presencia fría, dominante y sumamente imponente.
—¿Dónde está mi pisa corbatas de plata?
La voz helada de Valeriano sacó a Leandro de sus pensamientos.
—Aquí lo tengo, señor. —Leandro sacó rápidamente una pequeña caja alargada del tercer cajón, la abrió y se la entregó.
Valeriano tomó el accesorio, se lo colocó perfectamente y ajustó los puños de su camisa antes de preguntar en tono casual:
—¿Me veo lo suficientemente maduro y elegante?

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