Pero Zachary insistió, y a los guardaespaldas no les quedó más remedio que pedirle al dueño del lugar que desalojara la mitad del campo.
Aunque la seguridad posicionó a Zachary en la zona más protegida, su estatus como príncipe y la innegable presencia de Valeriano no tardaron en atraer las miradas de los herederos y jóvenes de la élite presentes.
Al principio, todos se acercaron curiosos por el Príncipe Zachary.
Pero, al ver que junto al príncipe había un hombre igual de apuesto, imponente y misterioso, la emoción de los espectadores aumentó.
—¿Quién es él? Su rostro y su porte no se quedan atrás en comparación al Príncipe Zachary.
—No tengo idea, nunca lo había visto. Seguro es algún aristócrata de la misma jerarquía.
—Tiene que serlo. Mira su postura al sostener el palo, es impecable. Alguien sin entrenamiento profesional jamás podría pararse así.
—¡Dios mío! Su porte atlético y figura impecable me fascinan. ¡Tengo que averiguar quién es!
Sandra y Annette, que descansaban en la zona interior, también notaron el alboroto.
Sandra mandó a alguien a investigar y, al enterarse de que el Príncipe Zachary estaba allí, se emocionó de inmediato.
—Annette, vamos a ver. El Príncipe Zachary rara vez aparece en público, ¡nunca lo he visto de cerca!
En otras circunstancias, Annette habría sido la primera en correr hacia allá.
Pero últimamente la salud de su padre empeoraba a pasos agigantados.
Desde que volvió de su último viaje de negocios, Nader Solórzano no había salido del hospital y su estado no mostraba señales de mejora.
En los últimos dos días, su piel había comenzado a agrietarse. El dolor era tan insoportable que se pasaba las noches aullando de agonía.
La familia había contratado a los médicos más caros y famosos.
Pero nada funcionaba.
El estrés la había dejado sin ganas de salir.
Si estaba allí hoy, era únicamente porque un médico famoso que trataba a su padre había logrado contactar a la mítica Doctora Serena, famosa por ser capaz de arrebatarle pacientes a la mismísima muerte.
Por eso estaba ahí, representando a su familia para recibirla.
—Ve tú, Sandra. Yo tengo un asunto importante que resolver pronto, no te preocupes por mí.

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